El Templo Bar-Tienda
AtrásEn el recuerdo de muchos visitantes y locales de Pola de Somiedo queda la memoria de El Templo Bar-Tienda, un establecimiento que durante años fue un punto de referencia en la calle la trapa, 3. Es fundamental comenzar señalando la realidad actual del negocio: se encuentra permanentemente cerrado. A pesar de que ya no es posible disfrutar de su oferta, su historia, basada en una valoración general de 4.2 estrellas sobre 5 a lo largo de más de 200 opiniones, merece ser contada como el retrato de uno de esos bares con encanto que definen la hostelería rural asturiana.
Una propuesta gastronómica basada en la tradición
El Templo destacaba principalmente por su apuesta por la comida casera, un concepto que se repetía constantemente en las experiencias de sus clientes. No se trataba de una cocina de vanguardia, sino de un retorno a los sabores auténticos y a las recetas tradicionales, servidas en raciones que eran calificadas universalmente como "abundantes". Los comensales salían de allí "realmente llenos", una promesa de valor que el local cumplía con creces y que lo posicionaba como un bar barato y de gran calidad.
El formato estrella era su menú del día. A lo largo de los años, su precio fluctuó entre los 10, 12 y 15 euros, pero la percepción de los clientes siempre fue la misma: un precio más que justo para una comida súper completa que incluía primero, segundo, postre y bebida. Este menú era un reflejo de la cocina asturiana de cuchara, con guisos y potajes que, según los testimonios, reconfortaban el cuerpo, especialmente después de una larga jornada de senderismo por el Parque Natural de Somiedo.
Platos que dejaron huella
Más allá del menú, su carta ofrecía una variedad de raciones y platos que cosecharon un gran éxito. Entre los más mencionados se encontraban las tostas con picadillo, una especialidad sencilla pero llena de sabor que muchos recomendaban. Las patatas con puchero y el picadillo también eran exquisiteces muy demandadas. Sin embargo, si había un producto que generaba consenso eran sus croquetas caseras, con una mención especial para las de boletus, descritas como una auténtica delicia. Las patatas tres salsas eran otro de los acompañamientos estrella, perfectos para compartir en una de esas cenas informales que caracterizan a los bares de tapas.
Un detalle interesante y que demostraba una notable sensibilidad para la época y el lugar, era su oferta para vegetarianos. La hamburguesa vegetariana recibía elogios por ser "deliciosa", una opción que ampliaba su público y lo convertía en un lugar inclusivo y atento a las diferentes necesidades dietéticas.
El ambiente: trato familiar y refugio de montañeros
El Templo no era solo un lugar para comer, era un punto de encuentro con un servicio que muchos definían como "excelente" y, sobre todo, "familiar". Este trato cercano era uno de sus mayores activos, haciendo que los clientes se sintieran como en casa. Era un lugar tranquilo, ideal para relajarse y disfrutar de las vistas a la montaña que ofrecía su ubicación.
Su conexión con el entorno era evidente. Muchos lo describían como la parada perfecta para reponer fuerzas tras un día de trekking. Esta atmósfera lo convertía en una especie de sidrería-refugio, donde se podía disfrutar de una buena sidra o de un vino de la casa particular, descrito por un cliente como "acidito, como una sidra roja", perfecto para la digestión de una comida copiosa.
Más que un bar: un servicio a la comunidad
La denominación "Bar-Tienda" no era casual. El Templo integraba en un mismo espacio varios servicios, funcionando también como estanco. Esta polivalencia le otorgaba un rol central en la vida de Pola de Somiedo, siendo un lugar práctico no solo para turistas, sino también para los propios residentes. Este modelo de negocio multifuncional es un rasgo característico de muchas zonas rurales, donde un establecimiento asume diferentes roles para satisfacer las necesidades de la comunidad.
El punto final: el cierre permanente
El aspecto más negativo y definitivo de El Templo Bar-Tienda es su estado actual. El hecho de que esté permanentemente cerrado es una pérdida notable para la oferta hostelera de la zona. Las reseñas, aunque datan de hace varios años, dibujan un panorama de éxito y satisfacción del cliente que hace lamentar aún más su ausencia. No se dispone de información pública sobre los motivos de su cierre, pero su legado perdura en el buen recuerdo de quienes lo visitaron.
El Templo Bar-Tienda representó un modelo de hostelería honesta y tradicional. Su éxito se cimentó en pilares sólidos: comida casera sabrosa y abundante, precios muy competitivos y un trato cercano y familiar que fidelizaba a la clientela. Aunque ya no es una opción para futuros visitantes, su historia sirve como ejemplo de lo que muchos buscan en los bares y restaurantes de Asturias: autenticidad, calidad y calidez.