FINCA 55
AtrásFINCA 55 irrumpió en la escena de Es Cubells en 2022 como un restaurante y bar con una propuesta estética muy definida y atractiva. Ubicado en una finca restaurada con esmero por sus propietarios franceses, el lugar se proyectó rápidamente como un refugio de estilo bohemio, con una decoración cuidada al detalle que incluía sombrillas de paja, mobiliario de bambú y una atmósfera que muchos clientes no dudaron en calificar como un "oasis" o un "paraíso". Sin embargo, a pesar de su prometedor inicio y de haber generado un considerable interés, este establecimiento ha cesado su actividad y se encuentra cerrado de forma permanente desde 2024.
El atractivo de un refugio con piscina
El principal punto fuerte de FINCA 55 era, sin duda, su ambiente. El diseño del espacio estaba pensado para el disfrute y la relajación, especialmente su zona exterior. Contaba con un área de piscina que se convirtió en uno de sus grandes reclamos, posicionándolo como uno de los bares con piscina más agradables de la zona para pasar el día. La fórmula era sencilla: se establecía un consumo mínimo por persona o por cama balinesa, que según distintas experiencias de clientes oscilaba entre los 25 y 50 euros, permitiendo a los visitantes disfrutar de las instalaciones mientras comían o se tomaban algo. Esta opción de "day pass" era perfecta para quienes buscaban un ambiente relajado lejos de las multitudes.
La oferta gastronómica acompañaba este concepto. La carta, aunque descrita por algunos como algo limitada, se centraba en tapas y platos de inspiración mediterránea elaborados con ingredientes frescos. Entre los platos más elogiados por los comensales se encontraban el ceviche, las croquetas caseras, una tortilla muy celebrada y el pescado a la parrilla. La relación calidad-precio, en general, era percibida como adecuada por muchos de los que vivieron una experiencia positiva, que destacaban la comida como sabrosa y bien preparada.
Inconsistencias y problemas de servicio
A pesar de sus evidentes virtudes, la trayectoria de FINCA 55 estuvo marcada por una notable irregularidad que afectó a la experiencia de muchos clientes. Las críticas negativas, aunque menos numerosas que las positivas, apuntan a problemas graves y recurrentes que pueden ofrecer una pista sobre su eventual cierre. Uno de los fallos más señalados fue la falta de transparencia en los precios. Un ejemplo claro es el de un cliente al que se le cobró 19 euros por un gintonic que figuraba a 14 euros en la carta, sin previo aviso. Este tipo de prácticas erosiona la confianza y puede arruinar una velada, independientemente de la calidad del entorno.
Sin embargo, los problemas más serios parecen haberse concentrado en el servicio. Mientras algunos clientes alababan la atención recibida, llegando a nombrar a empleados específicos por su excelente trato, otros relataban episodios de profesionalidad muy deficiente. Una de las reseñas más duras describe un "espectáculo lamentable" que incluía a personal discutiendo a gritos delante de los clientes, camareras que parecían estar bajo los efectos del alcohol o fumando en mesas. Estos comensales, que pagaron 50 euros por persona, se sintieron despreciados y mal atendidos. Este contraste tan radical en el servicio sugiere una falta de consistencia y supervisión en la gestión del equipo, un factor crítico en el sector de la hostelería.
La dualidad de la experiencia en FINCA 55
La calidad de la comida tampoco estuvo exenta de esta dualidad. Frente a las numerosas opiniones que la calificaban de excelente, otros clientes se quejaron de recibir platos fríos o un risotto insípido. Incluso reseñas mayormente positivas llegaban a señalar que los cócteles necesitaban mejorar, lo que refuerza la idea de una oferta irregular. FINCA 55 era un lugar de extremos: podía ofrecer un día idílico en un entorno precioso o una experiencia decepcionante marcada por un mal servicio en bares y una gestión poco cuidada.
Un concepto prometedor que no se consolidó
FINCA 55 fue un negocio con un concepto visual y ambiental muy potente, que supo capitalizar el deseo de encontrar espacios tranquilos y con encanto. Su propuesta de cocina mediterránea y la posibilidad de disfrutar de su piscina lo convirtieron en un lugar popular. No obstante, las profundas inconsistencias en el servicio, la falta de transparencia en la política de precios y la irregularidad en la calidad de su oferta culinaria demostraron ser lastres demasiado pesados. La experiencia del cliente no estaba garantizada, fluctuando entre lo memorable y lo lamentable. Finalmente, este prometedor bar en la carretera de Es Cubells no logró consolidarse y hoy forma parte del recuerdo de la escena gastronómica de la isla.