Bar Montes
AtrásUn Recuerdo del Sabor Casero y la Cercanía: Bar Montes en La Pedrera
Al hablar del Bar Montes, ubicado en La Pedrera 29, en la zona de Siero, es inevitable sentir una cierta nostalgia. Este establecimiento, que durante años fue un punto de encuentro y referencia para locales y visitantes, se encuentra actualmente cerrado de forma permanente. A pesar de ello, el legado que dejó a través de su servicio y su propuesta gastronómica merece ser recordado, sirviendo como un claro ejemplo de lo que muchos clientes buscan en los bares de Asturias.
La principal fortaleza del Bar Montes, y un tema recurrente en las opiniones de quienes lo frecuentaron, era sin duda el trato humano. Los clientes lo describen no solo como un negocio, sino como un lugar donde se sentían como en casa. La amabilidad y la cercanía del personal eran su seña de identidad, creando un ambiente familiar y acogedor que invitaba a regresar. Un testimonio particularmente revelador narra cómo el equipo del bar guardó y envió por correo una muñeca olvidada por la hija de un cliente a otra comunidad autónoma, un gesto que va más allá del servicio estándar y demuestra una calidad humana excepcional.
La Gastronomía: Sencillez y Abundancia
La oferta culinaria del Bar Montes se centraba en la autenticidad y la calidad del producto, pilares de la buena comida casera asturiana. Su propuesta era directa, sin pretensiones, pero ejecutada con esmero, lo que le valió una excelente reputación.
El Menú del Día: Un Clásico Infalible
Una de las joyas de la corona era su menú del día. Con un precio muy asequible, que los clientes estimaban en torno a los 12 euros, ofrecía una comida completa y contundente. La estructura se basaba en dos opciones para el primer plato y dos para el segundo, acompañados de bebida y postres caseros. Las raciones eran consistentemente descritas como muy abundantes, asegurando que nadie se quedara con hambre. Este equilibrio entre calidad, cantidad y precio convertía al Bar Montes en una opción fantástica para comer a diario o para hacer una parada en el camino.
Pinchos y Tapas: El Alma del Bar
Como buen bar tradicional, la barra del Montes era un punto neurálgico. Los pinchos y tapas eran otro de sus grandes atractivos. Perfectos para acompañar un vino o una cerveza, destacaban por su sabor auténtico. Entre ellos, el pincho de carne guisada recibía elogios especiales, siendo calificado por muchos como "absolutamente recomendable" gracias a su textura tierna y su inconfundible sabor casero. Era el complemento ideal para una visita más informal, consolidando al local como un excelente bar de tapas.
Instalaciones y Aspectos a Considerar
El Bar Montes no solo cuidaba la comida y el trato, sino también la comodidad de sus clientes. Contaba con una terraza, un espacio muy valorado para disfrutar de una bebida o una comida al aire libre. Además, disponía de buen aparcamiento y acceso para sillas de ruedas, detalles que demuestran una preocupación por la accesibilidad y la conveniencia de todos sus visitantes.
El aspecto negativo, y el más definitivo de todos, es su estado actual. La información disponible confirma que el Bar Montes ha cerrado sus puertas permanentemente. Esta es una noticia desalentadora para su fiel clientela y para cualquiera que busque una experiencia de bar-restaurante auténtica en la zona. Aunque las reseñas y valoraciones reflejan un altísimo nivel de satisfacción (con una media de 4.4 estrellas sobre 5), la realidad es que ya no es posible disfrutar de su oferta. La falta de una presencia online actualizada, con su página de Facebook inactiva desde hace años, ya sugería un cese de la actividad que lamentablemente se ha confirmado.
Un Legado de Hospitalidad
Bar Montes representaba la esencia de la hostelería asturiana: un lugar sin lujos pero con un alma enorme, donde la calidad de la comida casera, las raciones generosas y, sobre todo, un trato cercano y genuino eran la norma. Aunque ya no reciba clientes, su recuerdo perdura como un ejemplo de cómo los bares pueden convertirse en una parte fundamental de la vida de una comunidad. Fue, en definitiva, uno de esos sitios que dejan huella, no solo en el paladar, sino también en el corazón.