El último vals
AtrásUbicado en la calle San Antón, "El último vals" ha sido durante años un punto de referencia en la vida nocturna de Alfaro, aunque su historia ha llegado a su fin, ya que el local figura como cerrado permanentemente. Este establecimiento, que muchos recordarán también por su anterior nombre, Pub Dolby, deja tras de sí un legado de opiniones encontradas que pintan el retrato de un bar de copas con una personalidad muy marcada, lejos de la homogeneidad de las franquicias.
Quienes lo recuerdan con cariño destacan, por encima de todo, su atmósfera y su apuesta musical. En un panorama a menudo dominado por éxitos comerciales, este lugar se erigía como uno de los pocos refugios donde era posible escuchar una selección musical considerada "decente" por sus asiduos. La posibilidad de disfrutar de música en directo era uno de sus grandes atractivos, convirtiéndolo en una parada casi obligatoria para los amantes de los conciertos en formato íntimo. Este compromiso con la música creaba un buen ambiente, un espacio donde la banda sonora era tan importante como la compañía o la bebida.
Una Experiencia de Contrastes
La atención al detalle era otro de los puntos que sus defensores no dudaban en alabar. En un gesto que denota respeto por el cliente, las copas se servían siempre en vaso de cristal o copa de balón, incluso en las noches de mayor afluencia, como durante las fiestas locales. Este pequeño pero significativo detalle lo diferenciaba de otros bares que optan por el plástico para simplificar la logística. Era una declaración de principios: la calidad de la experiencia importaba.
La calidez humana del personal es otro de los pilares de su buena fama. Hay relatos que pintan al equipo del bar con una humanidad poco común, como la ocasión en que acogieron a un grupo de visitantes que se habían quedado varados por una intensa nevada. Lejos de cerrarles la puerta, les ofrecieron refugio, les permitieron poner su propia música y utilizar el futbolín, transformando lo que podría haber sido una noche de infortunio en una fiesta improvisada y memorable. Anécdotas como esta, junto a la amabilidad y buena conversación de sus camareros, forjaron una clientela leal que se sentía como en casa.
No Todo Eran Luces
Sin embargo, la experiencia en "El último vals" no fue universalmente positiva. Existen testimonios que describen una cara muy diferente del local, una que habla de falta de consistencia en el mantenimiento y la gestión. Algunos clientes se encontraron con un panorama desolador: restos de fiestas anteriores, suciedad acumulada y un olor desagradable que empañaba por completo la visita. Esta dualidad es, quizás, lo que mejor define al bar: un lugar capaz de ofrecer noches mágicas y, al mismo tiempo, experiencias decepcionantes.
Uno de los puntos de fricción más claros era el cumplimiento de las normativas. La queja sobre la permisividad con el tabaco en el interior es particularmente grave, ya que no solo afectaba a la comodidad de los no fumadores, sino que suponía una infracción de la ley. Este tipo de situaciones sugiere que, en ocasiones, el ambiente relajado podía cruzar la línea hacia la falta de control, dejando a algunos clientes con una sensación de abandono y una muy mala impresión.
El Legado de un Bar con Carácter
Incluso las reseñas positivas mencionan que, a partir de ciertas horas de la madrugada, el ambiente se "desataba". Para algunos, esto era parte del encanto del lugar, una energía vibrante propia de los mejores bares de copas. Para otros, podía resultar excesivo. Lo que es innegable es que "El último vals" no era un lugar tibio; provocaba reacciones fuertes. Su precio, considerado barato, lo hacía accesible para un público amplio, lo que contribuía a una mezcla heterogénea de parroquianos.
El cierre definitivo de "El último vals", heredero del Pub Dolby, marca el final de una era en la escena de Alfaro. Fue un establecimiento con alma, con sus virtudes y sus defectos a la vista de todos. Representaba un tipo de bar cada vez más difícil de encontrar: personal, impredecible y con una fuerte identidad musical. Su ausencia deja un vacío para aquellos que buscaban una alternativa a lo convencional, un lugar con futbolín, buena música y la posibilidad de que cualquier noche pudiera convertirse en una historia para contar. Su recuerdo perdurará como el de un local que, para bien o para mal, nunca dejó a nadie indiferente.