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Bar La Font.

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Carrer Olmos Canalda, 4, 03787 Benissivà, Alicante, España
Bar
9 (377 reseñas)

Un Recuerdo Gastronómico en Vall de la Gallinera: Lo que fue el Bar La Font

El Bar La Font, situado en el pequeño municipio de Benissivà, en Alicante, es un nombre que resuena con nostalgia entre los conocedores de la Vall de la Gallinera. Aunque el establecimiento se encuentra permanentemente cerrado, su legado como un referente de la comida casera y la cocina tradicional de montaña perdura. Durante años, fue una parada casi obligatoria para senderistas, ciclistas y familias que buscaban reponer fuerzas con platos contundentes y un ambiente auténtico de bar de pueblo. Su reputación se construyó sobre una base sólida: producto de calidad, un trato cercano y una especialización que lo convirtió en un destino por sí mismo.

El principal atractivo y la razón por la que muchos peregrinaban hasta este rincón de Alicante era, sin duda, su cocina a la brasa. La parrilla era el corazón del Bar La Font, y de ella salían algunas de las carnes más elogiadas de la comarca. Las reseñas de quienes lo visitaron coinciden de forma abrumadora en la excelencia de sus chuletas, tanto de cordero como de cerdo, descritas a menudo como espectaculares y de un tamaño generoso. El embutido local, como longanizas y morcillas, también pasaba por las brasas, ofreciendo un sabor auténtico y potente que evocaba las tradiciones gastronómicas de la zona. Platos como el cabrito y el cordero se mencionan repetidamente como especialidades destacadas, cocinadas con un punto de cocción que realzaba su sabor y ternura.

La Experiencia Más Allá de la Brasa

Aunque la carne a la parrilla era la estrella, la oferta del Bar La Font no se quedaba ahí. Se consolidó también como uno de esos bares de tapas donde cada plato contaba una historia. El pulpo era otra de sus insignias, preparado de una forma que conseguía el aplauso general de los comensales. Acompañaban la propuesta entrantes como albóndigas caseras y encurtidos locales, perfectos para abrir el apetito mientras se disfrutaba del entorno. La terraza del bar, con vistas al valle, era un espacio muy solicitado, convirtiéndolo en uno de los restaurantes con terraza más apreciados para disfrutar del buen tiempo y el paisaje.

El servicio y el ambiente eran otros de sus puntos fuertes. La atención era descrita como excepcionalmente amable y cercana, un factor que contribuía a que los clientes se sintieran como en casa. Pequeños detalles, como servir el café con hielos hechos del propio café para no aguarlo, demostraban un nivel de cuidado y atención que no pasaba desapercibido. La limpieza del local también recibía elogios, completando una experiencia que, para la mayoría, resultaba impecable y con una excelente relación calidad-precio.

Aspectos que Generaban Opiniones Divididas

A pesar de una valoración media muy alta y una legión de clientes fieles, ningún negocio está exento de críticas. La perfección no siempre era constante en la cocina del Bar La Font. Existen testimonios aislados que señalan inconsistencias en la calidad de la comida. El caso más notable es el de un pollo a la brasa servido crudo, un error significativo que empañó la experiencia de algunos visitantes. Otros platos, como las guarniciones de patatas o las ensaladas, eran considerados por algunos como correctos pero no memorables, en contraste con la excelencia de sus carnes y tapas principales.

Los postres también generaban un debate. Mientras que elaboraciones como la mousse de yogur o el flan de calabaza recibían buenas críticas, la tarta de queso, un clásico en muchos restaurantes, era un punto de división. Algunos clientes la encontraban de textura y sabor algo flojos, aunque la mermelada casera que la acompañaba, especialmente la de cereza, era universalmente alabada por su calidad exquisita, llegando a salvar el postre en su conjunto.

Consideraciones Prácticas de su Época Dorada

Visitar el Bar La Font en su momento álgido requería cierta planificación. Dada su popularidad, conseguir mesa sin una reserva previa, sobre todo en fines de semana, era una tarea complicada. El local no contaba con aparcamiento propio, por lo que los clientes debían estacionar sus vehículos en la carretera cercana, un pequeño inconveniente que se aceptaba con gusto a cambio de la recompensa gastronómica. Era, en definitiva, uno de esos bares con encanto cuyo éxito se medía por su comedor y terraza siempre llenos.

aunque el Bar La Font ya no abre sus puertas, su historia es la de un éxito basado en la especialización, la calidad del producto y un servicio acogedor. Fue un pilar gastronómico en la Vall de la Gallinera, un lugar que dejó una marca imborrable en el paladar y la memoria de quienes tuvieron la suerte de disfrutarlo. Representa un ejemplo de cómo un bar tradicional, con una apuesta clara por la cocina a la brasa, puede convertirse en una leyenda local.

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