Bar Playa Xivares
AtrásUbicado en un enclave privilegiado, directamente sobre la arena de la playa asturiana que le daba nombre, el Bar Playa Xivares era un establecimiento que, ante todo, vendía una experiencia: la de disfrutar de una comida informal con el sonido de las olas de fondo. Sin embargo, es crucial señalar desde el principio que, según los datos más recientes, este negocio figura como cerrado permanentemente. Por tanto, este análisis sirve como una retrospectiva de lo que fue un local de contrastes, donde una ubicación inmejorable a menudo chocaba con un servicio que generaba opiniones muy divididas.
El atractivo innegable: Vistas y ambiente de chiringuito
El principal punto fuerte del Bar Playa Xivares era, sin duda, su localización. Para cualquiera que buscase bares en la playa, este lugar cumplía todos los requisitos. Contaba con una terraza exterior que ofrecía vistas directas al Cantábrico, un lujo que permitía a los clientes pasar del baño en el mar a tomar algo en cuestión de segundos. Este entorno creaba un ambiente relajado y puramente veraniego, ideal para desconectar. Algunos clientes habituales describían el lugar como acogedor, "como en casa", destacando incluso la presencia de una perra del bar que añadía un toque familiar y encantador a la experiencia.
Una oferta gastronómica sencilla con resultados irregulares
La propuesta culinaria del bar era la esperada para un chiringuito de sus características: una carta sin pretensiones centrada en pizzas, paninis, hamburguesas, bocadillos y algunas tapas y raciones. Cuando la cocina funcionaba bien, los clientes quedaban satisfechos. Las hamburguesas, en particular, recibían elogios por ser sabrosas, y algunos comensales destacaban que las raciones eran generosas y los precios, en general, bastante económicos, lo que lo convertía en una opción asequible para un día de playa.
No obstante, la calidad no era consistente. Una de las críticas más duras apuntaba a la escasez de ingredientes en los bocadillos, como un bocata de chorizo que resultó ser "casi todo pan". Esta irregularidad se agudizaba durante la temporada alta, un problema que nos lleva al mayor punto de conflicto del establecimiento.
El gran inconveniente: Servicio y tiempos de espera
Si la ubicación era su mayor virtud, el servicio era su talón de Aquiles. Un número significativo de reseñas negativas se centra en el trato recibido por parte del personal. Las quejas describen a los camareros con actitudes "chulescas" o directamente desagradables, llegando a confrontar a los clientes en lugar de disculparse por los errores. Un cliente relató cómo, al pedir con prisa justificada, se le respondió que "una de las reglas del bar es que no le metan prisa". Esta filosofía chocaba frontalmente con las expectativas de un servicio mínimamente ágil, especialmente en un local de comida rápida.
Los tiempos de espera eran otro problema recurrente y frustrante. Esperar 40 minutos o incluso una hora por bocadillos sencillos no era algo excepcional, según varios testimonios. Esta lentitud, combinada con una mala actitud, convertía lo que debía ser una comida placentera en una experiencia estresante. En temporada alta, como el mes de agosto, la situación empeoraba drásticamente, con un personal desbordado, falta de productos básicos como vasos o sidra fría, y una cocina tan colapsada que la carta se veía reducida únicamente a hamburguesas. Lo más grave, según los afectados, es que el personal llegaba a culpar a los propios clientes de la situación.
Aspectos prácticos a considerar
Más allá de la comida y el servicio, existían otros factores que los visitantes debían tener en cuenta:
- Precios: Aunque el nivel general de precios era bajo (marcado como 1 sobre 4), había detalles que desentonaban, como el cobro de 3 euros por una lata de Coca-Cola, un precio considerado excesivo por algunos clientes y que rompía con la imagen de bar económico.
- Aparcamiento: El bar no disponía de aparcamiento propio, por lo que los clientes debían usar el parking de la playa. Durante el verano, este aparcamiento es de pago, un coste adicional a tener en cuenta gestionado por el ayuntamiento, no por el local.
- Accesibilidad: El establecimiento no estaba adaptado para personas con movilidad reducida, lo que suponía una barrera importante para clientes en silla de ruedas.
Un legado de potencial desaprovechado
El Bar Playa Xivares era un bar-restaurante con un potencial enorme gracias a su envidiable posición en primera línea de mar. Podría haber sido uno de esos bares con encanto que se convierten en una referencia indispensable del verano asturiano. Sin embargo, su historia es un claro ejemplo de cómo una ubicación perfecta no es suficiente para garantizar el éxito. Los problemas graves y persistentes con el servicio, la gestión de los momentos de alta afluencia y la inconsistencia en la calidad de su oferta lastraron su reputación. Aunque algunos clientes encontraron en él un rincón acogedor, la gran cantidad de experiencias negativas demuestra que el local no logró estar a la altura de su entorno. Su cierre permanente marca el fin de un negocio que, para bien o para mal, dejó una impresión duradera en quienes lo visitaron.