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Bar restaurante Ultramar – Pepe Vieira

Bar restaurante Ultramar – Pepe Vieira

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Rúa Padre Amoedo Carballo, 3, 36002 Pontevedra, España
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8.2 (2750 reseñas)

El Bar Restaurante Ultramar representó durante una década la apuesta más urbana y desenfadada del aclamado chef Pepe Vieira en Pontevedra. Ubicado en los históricos bajos del Edificio Sarmiento del Museo, este local nació con la promesa de ser una "taberna atlántica", un punto de encuentro donde la alta cocina con estrella Michelin se traducía a un formato de tapas gourmet y platos para compartir. Sin embargo, es crucial señalar desde el principio que, a finales de septiembre de 2025, Ultramar cerró sus puertas de forma permanente. Este cierre no se debió a un fracaso comercial, sino a la finalización de la concesión administrativa del espacio, que por ley no podía ser prorrogada. Por tanto, este análisis se convierte en una retrospectiva de lo que fue uno de los bares más comentados de la ciudad.

Un Espacio con Carácter Propio

Uno de los puntos fuertes más consistentemente elogiados de Ultramar era su atmósfera. El diseño interior, obra de Soja Arquitectos, lograba un equilibrio notable al integrar una estética moderna y "canalla" dentro de la solemnidad de un edificio barroco con techos abovedados y arcos de piedra. Esta fusión creaba un ambiente elegante pero informal, cálido y acogedor. Los clientes lo describían como un lugar perfecto tanto para una cita como para una comida con amigos, destacando su versatilidad. El local se dividía inteligentemente en dos zonas: un área más bulliciosa con barra y mesas altas para un tapeo rápido, y un comedor más tranquilo con cocina a la vista para una experiencia más reposada.

La Propuesta Gastronómica: Entre el Genio y la Polémica

La cocina de Ultramar, bajo la influencia de Pepe Vieira, era su principal atractivo y, a la vez, su mayor fuente de debate. La carta era un viaje de sabores que fusionaba el producto gallego con influencias internacionales, un homenaje a la emigración gallega a América. Esta audacia dio lugar a platos memorables que recibieron críticas excepcionales.

Entre los éxitos rotundos, varios clientes destacaron las gyozas de gamba y puerro como "las mejores que he probado en mi vida". Otros platos como las empanadillas, la costilla BBQ o el "Fish & Chips" también cosecharon excelentes opiniones. Los postres merecen una mención especial; tanto el tiramisú, calificado de "espectacular", como la tarta de queso, eran consistentemente recomendados y considerados un cierre perfecto para la experiencia. El concepto era ofrecer una cocina de contrastes, donde un tradicional bocadillo de calamares podía convivir con un steak tartar de vaca vieja.

Las Sombras de la Fusión y el Precio

No obstante, la misma creatividad que generaba aplausos también provocaba críticas severas. Algunos comensales consideraron el lugar "pretencioso" y sintieron que la ejecución no siempre estaba a la altura de las expectativas generadas por el nombre del chef y los precios. La crítica más dura apuntaba a que la "cocina de fusión" en ocasiones enmascaraba el sabor del producto principal en lugar de realzarlo. Un ejemplo polémico fue un plato de vieira de 22 euros, descrito por una cliente como una minúscula porción de carne machacada e insípida, ahogada en una salsa. Similarmente, un lenguado de excelente calidad fue criticado por servirse con una salsa fría de inspiración asiática que anulaba por completo el sabor del pescado. Estos episodios demuestran la delgada línea que separa la innovación del exceso, generando experiencias muy polarizadas entre la clientela.

El Servicio y la Experiencia General

El trato al cliente en Ultramar era, en general, bien valorado. Muchos lo describían como amable y profesional, llegando a destacar nominalmente a algunos miembros del personal por su sobresaliente atención. Sin embargo, como en muchos bares con gran afluencia, la consistencia podía fallar. Hubo reportes de lentitud en el servicio, como un pan que llega casi con los postres, o situaciones incómodas como el bullicio excesivo en la terraza. Estos detalles, aunque menores para algunos, podían mermar una experiencia que, por su precio (nivel 2 sobre 4), exigía un alto estándar en todos los aspectos.

El Legado de un Bar Emblemático

El cierre de Ultramar tras una década de actividad marca el fin de una era. Fue un proyecto exitoso que dinamizó la oferta gastronómica y la vida nocturna de Pontevedra, atrayendo incluso a celebridades como Jennifer López. Su final, provocado por el fin de una concesión de diez años con el Museo, deja un vacío en la escena culinaria local. La propia Diputación calificó la gestión como un "éxito" y un "magnífico" trabajo que dinamizó la zona. El propio Pepe Vieira no descarta volver a presentarse al concurso para la nueva explotación del local, reconociendo el reto que supuso hacer funcionar el restaurante de un museo, algo que Ultramar consiguió durante diez años. Para los pontevedreses y visitantes, Ultramar deja un recuerdo dual: el de un bar-restaurante con un ambiente espectacular y platos geniales, pero también el de una propuesta a veces irregular cuyos precios no siempre se sentían justificados. Su historia sirve como un interesante caso de estudio sobre la democratización de la alta cocina y los desafíos que conlleva.

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