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Bunkerbar

Bunkerbar

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C. de Jerónimo Zurita, 20, Casco Antiguo, 50001 Zaragoza, España
Bar Restaurante
7.6 (1990 reseñas)

Bunkerbar se presenta en Zaragoza como un establecimiento de dualidades. Por un lado, una decoración exótica y selvática que busca captar la atención desde el primer momento; por otro, un secreto histórico en su sótano: un auténtico búnker antiaéreo de la Guerra Civil, construido en 1937, que hoy funciona como un comedor privado. Esta combinación de conceptos es, sin duda, su mayor atractivo y factor diferenciador, proponiendo una experiencia que va más allá de lo puramente gastronómico. Ubicado en la céntrica calle de Jerónimo Zurita, este local promete ser un refugio tanto estético como culinario.

La atmósfera: Entre la jungla y la historia

El primer impacto al entrar en Bunkerbar es visual. La decoración, inspirada en una jungla, con vegetación abundante y figuras de animales, crea un ambiente desenfadado y llamativo. Este diseño lo posiciona como uno de los bares de moda de la zona, ideal para quienes buscan un entorno diferente para una comida o cena. Sin embargo, la verdadera joya del local se encuentra bajando 17 escalones.

El sótano alberga un comedor abovedado con paredes de hormigón que sirvió de refugio durante los bombardeos. Este espacio, ahora acondicionado como un reservado para unos 25 comensales, es el alma del establecimiento y lo convierte en uno de los bares con encanto más singulares de la ciudad. La carga histórica del lugar, donde según relatan los propietarios, antiguos vecinos han compartido sus memorias de la guerra, añade una capa de profundidad a la experiencia. Cenar en este búnker es, en sí mismo, el principal argumento para visitar el local, especialmente para grupos que busquen privacidad y un tema de conversación único.

La propuesta gastronómica: Un campo de luces y sombras

La carta de Bunkerbar se centra en la cocina de mercado con un fuerte énfasis en los arroces y las carnes a la brasa, cocinadas en horno de carbón vegetal. La oferta es amplia y ambiciosa, abarcando desde tapas y raciones para compartir hasta platos principales más contundentes. Aquí es donde las opiniones de los clientes comienzan a divergir drásticamente, pintando un cuadro de notable inconsistencia.

Los aciertos de la cocina

Cuando la cocina de Bunkerbar acierta, lo hace con contundencia. Los arroces son frecuentemente citados como la especialidad de la casa y uno de sus puntos fuertes. Platos como el "arroz del señorito" o el "arroz negro de chipirones" reciben elogios por su sabor y punto de cocción. Otras creaciones que han generado comentarios muy positivos incluyen la berenjena a la brasa con setas y papada, el pulpo a la brasa, y el huevo poché, descritos por algunos comensales como "espectaculares" y "exquisitos". La tarta de queso casera también parece ser una apuesta segura para el postre. Estos platos demuestran que el equipo de cocina tiene la capacidad de ejecutar recetas complejas con éxito.

Los puntos débiles y las críticas

A pesar de sus logros, una parte significativa de la clientela reporta experiencias decepcionantes. Las críticas más severas se centran en la calidad y preparación de ciertos platos, especialmente las carnes. Han surgido quejas sobre unos "dados de solomillo" que resultaron ser una carne dura, difícil de masticar y excesivamente salada, llevando a los clientes a dudar de que se tratara realmente de solomillo. El tataki, tanto de salmón como de presa de vaca, también ha sido objeto de críticas, siendo calificado de "insípido" en un caso y de "seco, rancio y salado" en el otro. Platos como el bao de pulled pork han sido descritos como desequilibrados por un exceso de salsa. Estas opiniones sugieren una falta de consistencia en la cocina que puede llevar a una experiencia culinaria muy desigual dependiendo de la elección del plato.

Servicio y relación calidad-precio: El talón de Aquiles

El servicio es otro aspecto que genera opiniones encontradas. Mientras algunos clientes destacan un trato amable, atento y profesional, otros relatan una atención deficiente, especialmente en el caso de grupos grandes. Se mencionan demoras y la necesidad de solicitar repetidamente servicios básicos como el pan o la bebida, lo que empaña la experiencia general. Esta irregularidad en el servicio puede ser un factor determinante, sobre todo en ocasiones especiales o comidas de empresa.

Sin embargo, la crítica más recurrente y preocupante es la percepción de una mala relación calidad-precio. Varios clientes consideran que los precios son elevados para la cantidad y, en ocasiones, la calidad ofrecida. Un menú de grupo de 53€ por persona que resulta en platos escasos a compartir y deja a los comensales con hambre es un ejemplo claro de esta desconexión entre el coste y el valor percibido. La sensación de pagar un precio alto por una comida que no cumple las expectativas es un sentimiento que se repite en las reseñas negativas y constituye el mayor riesgo para quien decide visitar Bunkerbar.

¿Para quién es Bunkerbar?

Bunkerbar es un local que juega la carta de la diferenciación a través de su potente concepto estético e histórico. Es una opción excelente para quienes buscan un lugar original, un bar de copas con una buena coctelería en un ambiente selvático o la experiencia única de cenar en un búnker de la Guerra Civil. En este sentido, cumple con creces su promesa.

No obstante, como restaurante, presenta una propuesta irregular. Puede ofrecer platos memorables, especialmente sus arroces, pero también puede decepcionar profundamente con otros. Los clientes potenciales deben ser conscientes de esta dualidad: el riesgo de una experiencia culinaria mediocre es real y la relación calidad-precio puede ser cuestionable. Quizás la mejor estrategia sea visitarlo para disfrutar de su ambiente único, probar suerte con sus platos más recomendados como los arroces, o simplemente optar por su oferta de coctelería en la zona de bares para tapear, donde el entorno es el principal protagonista.

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