Casa Landeira
AtrásLa historia de un emblema rural: El legado de Casa Landeira y su nueva etapa como Taberna Treos
En el núcleo de Treos, Vimianzo, existió durante más de tres décadas un establecimiento que era mucho más que un simple bar. Casa Landeira representaba el alma de las tabernas rurales gallegas, un espacio multifacético que funcionaba como tienda de ultramarinos, punto de encuentro para vecinos y una parada obligatoria para quienes buscaban el calor de un servicio familiar y una tapa reconfortante. Fundado en 1993 por Esther Pazos y su marido Paco tras su regreso de la emigración en Suiza, este negocio se convirtió en un pilar para la comunidad. Sin embargo, como muchos ciclos en la vida, el de Casa Landeira bajo la dirección de su familia fundadora llegó a su fin recientemente, marcando el cierre de un capítulo importante para la zona. Pero la historia de este local no termina aquí, sino que se transforma, renaciendo con un nuevo nombre y nuevos regentes.
Lo que hizo grande a Casa Landeira
Para entender el presente, es fundamental valorar el pasado. La altísima valoración de 4.7 estrellas sobre 5, basada en decenas de opiniones, no era casualidad. El principal activo del negocio, destacado unánimemente por sus clientes, era el trato humano. La atención cercana, amable y siempre atenta de sus dueños era el ingrediente principal de su éxito. Comentarios como "la dueña súper atenta y muy amable" o "la atención es lo mejor" se repetían constantemente, demostrando que el servicio iba más allá de la simple transacción comercial para convertirse en una genuina muestra de hospitalidad.
En el ámbito gastronómico, Casa Landeira se ganó su fama a pulso con platos sencillos pero memorables. El protagonista indiscutible era su pincho de tortilla, descrito por muchos como "buenísimo" y un motivo suficiente para visitar el lugar. Este es un claro ejemplo de cómo los bares de tapas pueden construir una reputación legendaria a partir de una receta clásica bien ejecutada. Junto a la tortilla, se ofrecían otros detalles de calidad, como bizcocho casero para acompañar los cafés, consolidando una oferta de cocina casera y tradicional. Era, sin duda, un lugar ideal para tomar algo, disfrutar de una buena botella de vino entre amigos y sentirse como en casa.
Un modelo de negocio vital para el entorno rural
Casa Landeira operaba bajo el modelo de bar-tienda, una fórmula que antaño fue común en las aldeas y que hoy es un tesoro en vías de extinción. Esta dualidad ofrecía un servicio integral a los vecinos. Mientras unos se acodaban en la barra para tomar unas cañas o unos vinos, otros podían hacer la compra del día. Los clientes recordaban con aprecio este pequeño supermercado, destacando que se podía encontrar "de todo a precios increíbles". Esta conveniencia era fundamental en un entorno rural, evitando desplazamientos a núcleos urbanos más grandes para adquirir productos de primera necesidad.
El espacio físico también contribuía a su encanto. Tanto la decoración interior como la terraza de bar exterior estaban muy cuidadas, creando un ambiente tranquilo y acogedor. Además, contaba con facilidades prácticas muy valoradas: aparcamiento justo delante del local, buenas vistas y era accesible para personas con movilidad reducida, lo que lo convertía en un lugar inclusivo y apto para todos los públicos, incluidas familias con niños.
El fin de una era y un nuevo comienzo
La historia de la familia Landeira al frente del negocio estuvo marcada por la dedicación y también por la adversidad. Un punto de inflexión fue un desafortunado accidente sufrido por el patriarca, Paco, en 2007, que cambió el rumbo de la familia. En su última etapa, fue su hija, Cristina Landeira, quien tomó las riendas, demostrando su talento en la cocina y un espíritu emprendedor que la llevó incluso a colaborar con casas rurales de la zona para ofrecer servicios de catering. Sin embargo, las dificultades para encontrar personal y la casi imposible conciliación de la vida laboral y familiar, un desafío recurrente en la hostelería, la llevaron a tomar la difícil decisión de cerrar el negocio familiar antes del verano de 2024.
La noticia supuso un golpe para la parroquia, que veía desaparecer a uno de sus últimos vestigios de la época dorada de las tabernas rurales. Afortunadamente, el local no permaneció en silencio por mucho tiempo. A finales de 2024, apenas tres meses después de su cierre, el establecimiento reabrió sus puertas con una nueva identidad: Taberna Treos. Los nuevos gerentes, Lucelys Ruiz y Franco Rodrigo Álvarez, una pareja con experiencia en hostelería, decidieron apostar por el rural y tomar el relevo, insuflando nueva vida al histórico local.
¿Qué esperar de la nueva Taberna Treos?
Con el cambio de nombre y de gestión, se abre un nuevo capítulo. Si bien el legado y los recuerdos de Casa Landeira son imborrables, la continuidad de un bar en esta ubicación es una excelente noticia para vecinos y visitantes. Los nuevos responsables han expresado su ilusión y su deseo de integrarse en la comunidad, manteniendo el espíritu de cercanía que siempre caracterizó a este rincón de Treos.
Para los potenciales clientes, esto significa que el punto de encuentro sigue vivo. Aunque la oferta gastronómica y el estilo puedan evolucionar bajo la nueva dirección, la esencia del lugar —un espacio para socializar, disfrutar de buenos pinchos y ser parte de la vida local— permanece. Las ventajas estructurales, como el aparcamiento, la accesibilidad y la tranquila localización, siguen siendo un atractivo. La reapertura bajo el nombre de Taberna Treos es una invitación a descubrir esta nueva propuesta y a seguir apoyando a los bares rurales, que son el corazón latente de muchas comunidades.