Casa Orellana l Restaurante comida española Madrid
AtrásCasa Orellana se presenta en el barrio de las Salesas de Madrid como una casa de comidas y barra de picoteo con una identidad marcadamente castiza. Bajo la dirección del chef sevillano Guillermo Salazar, cuya trayectoria incluye cocinas de prestigio como Arzak y Eleven Madison Park, este establecimiento busca volver a las raíces de la gastronomía española, ofreciendo un recetario tradicional con influencias andaluzas, extremeñas y vascas. El concepto es claro: una cocina reconocible, de producto y sin complicaciones innecesarias, servida en un ambiente que evoca las tabernas de siempre.
El local combina una zona de barra y mesas altas, ideal para el aperitivo, con un comedor más formal. Su terraza a pie de calle es uno de sus grandes atractivos, especialmente con buen tiempo. El servicio, según la mayoría de las opiniones, es amable y eficiente, contribuyendo a una experiencia generalmente positiva para los comensales.
Una carta de sabores reconocibles
La propuesta gastronómica es el pilar de Casa Orellana, y algunos de sus platos han alcanzado un estatus de imprescindibles para sus clientes habituales. Las croquetas son, sin duda, una de las estrellas de la carta, descritas consistentemente como melosas, cremosas por dentro y con un rebozado crujiente perfecto, destacando las de jamón o rabo de toro por su sabor intenso. Este plato es un claro ejemplo de por qué muchos consideran el local uno de los buenos bares de tapas de la zona.
Otro plato que genera excelentes comentarios es la tortilla de patatas, elogiada por su interior jugoso y poco cuajado, un punto de cocción muy apreciado por los puristas. Siguiendo con los clásicos, la ensaladilla de atún, los torreznos crujientes y la oreja a la plancha son raciones que cumplen con las expectativas de quienes buscan auténtica comida española. Propuestas como el "arroz en lata" o los molletes, especialmente el de cordero "paquito", especiado y sabroso, también reciben menciones especiales. Para terminar, la tarta de queso payoyo se ha convertido en un postre de referencia por su equilibrio y textura fundente.
El contrapunto: inconsistencia y detalles a mejorar
A pesar de su alta valoración general, que roza el 4.5 sobre 5, Casa Orellana no está exento de críticas que apuntan a una cierta irregularidad. El punto más conflictivo parece ser la consistencia en la cocina. Mientras una mayoría aplaude la calidad, algunas experiencias aisladas describen platos decepcionantes. Se han reportado casos de callos con una textura "aguachinada" y un exceso de sabor a vinagre, tomates servidos faltos de madurez o un arroz de aperitivo que en ocasiones llega a la mesa pasado de cocción. Estos fallos, aunque no parecen ser la norma, indican que la ejecución puede variar.
Otro aspecto señalado por algunos clientes es el tamaño de las raciones de los entrantes, que pueden resultar algo pequeñas para el precio. Además, aunque el servicio suele ser bueno, en momentos de máxima afluencia puede percibirse más lento. Estos detalles son importantes para gestionar las expectativas de los nuevos visitantes que acuden a uno de los bares con más movimiento de la zona.
La experiencia en la barra
Casa Orellana no es solo un restaurante, sino también un bar en toda regla. Su barra es un lugar perfecto para una experiencia más informal, como tomar una caña y tapa. La oferta de vinos y vermuts acompaña perfectamente a las tapas y conservas disponibles, manteniendo viva la esencia de las tabernas madrileñas. Es un espacio que invita tanto a un aperitivo rápido como a una comida completa en un formato más dinámico.
En resumen
Casa Orellana logra con éxito su objetivo de ser una taberna castiza actualizada. Su fortaleza reside en una cocina tradicional bien fundamentada, con platos estrella como las croquetas y la tortilla que justifican la visita. Es una opción muy sólida para quienes buscan sabores auténticos en un ambiente acogedor. Sin embargo, es justo señalar que existe un margen de mejora en cuanto a la consistencia de algunos platos y el tamaño de ciertas raciones. La balanza se inclina claramente hacia lo positivo, pero los potenciales clientes deben ser conscientes de estos matices para disfrutar de una experiencia completamente satisfactoria.