Cats kitchen / La Catarina Craft Beer
AtrásUn Recuerdo Agridulce: Lo que Fue Cats kitchen / La Catarina Craft Beer
En el panorama de la hostelería de Estepona, pocos lugares lograron cultivar una identidad tan definida y peculiar como Cats kitchen / La Catarina Craft Beer. Aunque hoy sus puertas se encuentran permanentemente cerradas, su recuerdo persiste como el de un experimento audaz que combinó con acierto una microcervecería, un restaurante con una propuesta culinaria robusta y un escenario para la música en directo. Su emplazamiento, dentro de las instalaciones del vivero Agrojardin en la N-340, ya era una declaración de intenciones: no se trataba de uno más de los bares convencionales, sino de un destino con personalidad propia.
La historia de La Catarina como proyecto cervecero comenzó en 2012, convirtiéndose en una de las primeras productoras de cerveza artesanal en la zona de Marbella. Tras una etapa exitosa en Nueva Andalucía, en 2019 la fábrica se trasladó a Estepona, renaciendo como 'Cats Kitchen by La Catarina'. Esta nueva encarnación aprovechó el entorno frondoso del centro de jardinería para crear una atmósfera única, un oasis que mezclaba lo industrial con lo natural y que rápidamente se convirtió en un punto de encuentro para una clientela diversa, mayoritariamente internacional, que buscaba una experiencia completa.
Los Pilares de su Éxito
El atractivo de La Catarina se sostenía sobre varios pilares sólidos que, en conjunto, creaban una oferta difícil de igualar. El primero, y quizás el más evidente, era su propia cerveza artesanal. Producida a escasos metros de donde se servía, garantizaba una frescura inigualable. Cervezas como la 'Tarifa', una Session IPA, o la 'Altos Hornos', una Imperial IPA, se ganaron el favor del público. Los clientes valoraban poder disfrutar de un producto local y de calidad, y el personal, siempre atento, se esmeraba en explicar las características de cada variedad, haciendo de la degustación una experiencia educativa y placentera.
El segundo pilar era la cocina. Bajo el nombre de Cats kitchen, el restaurante ofrecía platos que iban más allá del simple acompañamiento. Las reseñas destacan de forma casi unánime la excelencia de las costillas y el chuletón (ribeye steak) cocinados en barbacoa de leña, alabando su sabor intenso y su punto de cocción perfecto. Platos como el tataki, el wrap de falafel o el pollo a la parrilla demostraban una carta variada y bien ejecutada, con raciones generosas que, si bien algunos consideraban de precio elevado, se justificaban por la calidad del producto y el entorno.
Finalmente, el tercer elemento diferenciador era la música en vivo. El local se consolidó como un escenario de referencia para conciertos de jazz y blues, con actuaciones de músicos de gran nivel profesional. Esta apuesta por la cultura en directo transformaba las noches de fin de semana, convirtiendo una cena o unas copas en un evento memorable. La presencia de una chimenea en invierno añadía un toque acogedor, haciendo del espacio un refugio perfecto durante todo el año. La facilidad para aparcar, gracias al enorme parking de Agrojardin, era otro punto práctico que sumaba a la experiencia positiva.
Aspectos que Generaron Críticas
A pesar de sus muchas virtudes, el establecimiento no estaba exento de fallos, y algunas críticas se repetían con insistencia entre los clientes más asiduos. El problema más notable era la acústica del local. La estructura, amplia y con elementos metálicos, provocaba una reverberación que, durante los conciertos, resultaba en un volumen excesivamente alto e incómodo. Varios clientes señalaron que este aspecto desmerecía la calidad de los músicos y afectaba negativamente la experiencia, siendo un perjuicio tanto para el público como para los propios empleados expuestos a esos niveles de ruido.
Otro punto de debate entre los aficionados a la cerveza artesanal era la limitada rotación de su catálogo. Si bien la calidad de sus cervezas fijas era alta, los entusiastas del 'craft beer' echaban en falta novedades, ediciones especiales y una mayor variedad de estilos. La ausencia de opciones como una Imperial Stout o una Bitter, populares entre el público extranjero, fue una crítica constructiva que sugería un potencial no explotado para atraer a un nicho de mercado aún más amplio. Para un local que era un referente en la producción de cerveza, esta falta de innovación en su oferta líquida fue una oportunidad perdida.
De forma más esporádica, algunos visitantes mencionaron que el local podía llegar a ser bastante caluroso durante las visitas diurnas, lo que lo hacía más recomendable para las noches. Aunque era un detalle menor, afectaba a la percepción del confort general del espacio.
El Legado de un Bar Diferente
El cierre definitivo de Cats kitchen / La Catarina Craft Beer dejó un vacío en la escena hostelera y cultural de Estepona. Fue un lugar que se atrevió a ser diferente, fusionando con éxito la gastronomía de calidad, la producción de cerveza local y una programación musical constante. No era simplemente un bar de tapas ni un restaurante al uso; era un destino completo, un espacio con alma que fomentaba la cultura alternativa. A pesar de sus defectos, como la acústica mejorable o una carta de cervezas que pecaba de conservadora, la valoración general de 4.4 sobre 5 con casi 400 reseñas demuestra que su propuesta caló hondo. Su historia sirve como recordatorio de que la originalidad y la calidad, aunque no siempre garanticen la permanencia, dejan una huella imborrable.