Cerrado
AtrásEn la dirección de la Calle Santiago Ramón y Cajal, 19 en Corella, Navarra, figura un listado en los directorios digitales bajo el confuso nombre de "Cerrado" y con el estado de "permanentemente cerrado". Sin embargo, este dato administrativo oculta la historia de un establecimiento con una identidad muy marcada y que, según los testimonios de quienes lo frecuentaron, era conocido como Bar El Perejil. Este lugar no era un bar cualquiera; representaba un pequeño consulado de la cultura sevillana en plena Ribera de Navarra, generando a su paso tanto fervientes defensores como críticos puntuales.
La propuesta de El Perejil era clara y diferenciadora: transportar a sus clientes al sur de España sin salir de Corella. Las reseñas de antiguos clientes describen un ambiente "puramente sevillano", una característica que constituía su principal atractivo. Para lograrlo, no solo se apoyaba en la decoración o la música, sino que ofrecía productos emblemáticos de la gastronomía andaluza. Entre sus especialidades más recordadas se encontraban el "vinito de naranja", una bebida dulce y aromática muy popular en Sevilla, y el contundente "montadito de pringá", un pequeño bocadillo relleno de los jugosos restos del cocido andaluz. Estas ofertas lo posicionaban como un bar de tapas especializado, alejado de los pinchos más tradicionales de la región navarra.
El Carácter del Bar: Entre el Aprecio y la Controversia
Más allá de su oferta gastronómica, el verdadero corazón de El Perejil parecía residir en su factor humano. Las opiniones positivas destacan de forma recurrente el trato cercano y la personalidad de sus responsables. Comentarios como "gente muy especial y campechana" o "de lo bueno lo mejor" sugieren que la experiencia social era una parte fundamental de la visita. Incluso una mención a pasar el rato con "ese nazareno" apunta a una figura carismática y posiblemente vinculada a las tradiciones de Semana Santa, reforzando aún más esa atmósfera del sur. Se trataba, según estas versiones, de un lugar con alma, donde la clientela se sentía acogida y parte de un ambiente de bar familiar y auténtico.
No obstante, no todas las experiencias fueron positivas, y es en las críticas donde se observan las posibles debilidades del negocio. Una reseña particularmente dura, datada durante la pandemia, expone una realidad completamente opuesta. En ella se critica la falta de medidas de higiene, como el supuesto incumplimiento del uso de mascarillas por parte del personal y clientes, y una actitud displicente ante la petición de limpiar una mesa, con una respuesta tan tajante como "que me la limpiase yo". Este tipo de incidentes, aunque puedan ser aislados, señalan una posible inconsistencia en el servicio y un enfoque de la atención al cliente que no era del agrado de todos, pudiendo alejar a un sector del público que valora por encima de todo la profesionalidad y el cuidado en los detalles.
Un Legado de Contrastes
El Perejil, con su nivel de precios asequible (marcado con un 1 sobre 4), se orientaba a ser una cervecería y punto de encuentro popular. Ofrecía servicios como la comida para llevar y la entrega a domicilio, adaptándose a las necesidades de su clientela. La valoración general de 4.2 sobre 5, basada en más de 50 opiniones, indica que la balanza se inclinaba mayoritariamente hacia el lado positivo, y que su propuesta única encontraba un público fiel.
Hoy, el local aparece como permanentemente cerrado. Su historia es un reflejo de cómo los bares con una personalidad muy definida pueden generar amores y odios. Para muchos, fue un rincón entrañable que trajo el sabor y la calidez de Andalucía a Navarra. Para otros, fue un lugar donde el carácter informal cruzó la línea de la profesionalidad. Lo que es innegable es que el Bar El Perejil no dejó indiferente a nadie, consolidándose como un establecimiento memorable en la vida social de Corella.