El Jardín de El Temple
AtrásUbicado en la histórica Calle el Temple del Casco Antiguo de Zaragoza, El Jardín de El Temple se presenta como un bar que busca ser más que un simple lugar para tomar una copa. Su propuesta se asienta sobre un pilar fundamental que lo distingue de inmediato de otros locales de vida nocturna: su emplazamiento en un edificio con siglos de historia y, lo que es más fascinante, la presencia de antiguas catacumbas en su subsuelo que pueden ser visitadas por los clientes. Este factor dota al establecimiento de un aura de misterio y exclusividad, prometiendo una experiencia que combina ocio nocturno con un viaje al pasado templario de la ciudad.
Un Atractivo Histórico Innegable
El principal punto a favor y el mayor reclamo de El Jardín de El Temple es, sin duda, su conexión con la historia. El propio nombre y la calle ya nos dan una pista sobre su pasado vinculado a la Orden del Temple. Para los aficionados a la historia o simplemente para aquellos que buscan un bar con encanto y una atmósfera diferente, la posibilidad de descender a unas catacumbas del siglo XIV mientras se disfruta de una noche de fiesta es una oferta casi irrepetible. Varios visitantes han destacado este aspecto como el más memorable de su visita, calificándolo como un tesoro oculto y una razón de peso para elegir este local frente a otros bares en Zaragoza. La decoración interior, con sus lámparas, plantas y detalles ajedrezados, intenta complementar esta atmósfera, creando un ambiente que algunos clientes describen como acogedor y particular.
La Experiencia Nocturna: Música y Bebidas
Una vez superado el asombro inicial por su entorno histórico, El Jardín de El Temple funciona como un pub o bar de copas con un horario exclusivamente nocturno, abriendo sus puertas de jueves a sábado hasta altas horas de la madrugada. Esto lo posiciona claramente como un destino para salir de fiesta. En cuanto al ambiente musical, las opiniones son variadas y parecen depender mucho del gusto personal. Algunos clientes la califican de "genial", encontrando en su selección musical el acompañamiento perfecto para la noche. Otros, en cambio, la describen como "muy normalita", sugiriendo que la oferta musical es más bien comercial y no presenta grandes innovaciones. Esta dualidad indica que la música puede ser un acierto para quienes buscan éxitos conocidos, pero podría no satisfacer a públicos con gustos más alternativos.
En lo que respecta a la oferta de bebidas, el local sirve lo esperado en un bar de estas características: cervezas, vinos y una variedad de combinados. Sin embargo, un punto de fricción mencionado por algunos asistentes es el precio de los "cubatas", considerados "un poco caros" por una parte de la clientela. Esta percepción contrasta con la catalogación general del local con un nivel de precios económico, lo que podría significar que mientras algunas consumiciones son asequibles, los combinados tienen un coste más elevado.
Controversias en el Servicio y el Acceso
A pesar de su propuesta única y su potencial, El Jardín de El Temple arrastra una serie de críticas negativas muy serias que se centran mayoritariamente en el trato al cliente, especialmente por parte del personal de seguridad y, en menor medida, de los camareros. Estos testimonios dibujan una realidad muy alejada del encanto que su historia promete.
Acusaciones de Discriminación en la Puerta
La queja más grave y preocupante es la que relata un presunto episodio de xenofobia por parte del equipo de seguridad. Un usuario denunció públicamente que a dos de sus amigos se les negó la entrada explícitamente por su etnia, bajo la presunción de que podrían robar. Según este testimonio, el intento del local de "compensar" el incidente ofreciendo chupitos gratuitos fue visto como un gesto que trivializaba una situación de discriminación inaceptable. Este tipo de acusaciones, de ser ciertas, representan un grave problema para la reputación del bar y son un factor decisivo para muchos potenciales clientes.
Trato del Personal y Política de Admisión
Más allá de este grave incidente, otros clientes han reportado problemas con la política de admisión y la actitud del personal. Un testimonio describe cómo se le negó la entrada a una persona porque su foto del DNI, a juicio del portero, no se parecía lo suficiente, incluso después de ofrecer otras formas de identificación. La situación, según la afectada, escaló hasta recibir un trato maleducado y amenazas de llamar a la policía. Estas experiencias sugieren una política de puerta que puede ser percibida como arbitraria y poco profesional, generando una sensación de indefensión y malestar antes siquiera de haber entrado al local.
El servicio en la barra tampoco sale indemne de las críticas. Hay quejas sobre la profesionalidad de los camareros, a quienes se acusa de priorizar a sus amigos a la hora de servir, provocando largas esperas y frustración entre el resto de los clientes. La sensación de que "si no conoces a nadie no consigues una copa" es un claro indicativo de un servicio deficiente que no trata a toda su clientela por igual.
Aspectos a Mejorar en las Instalaciones
Finalmente, un aspecto más práctico pero igualmente relevante para la experiencia del cliente es el estado de las instalaciones. En concreto, los baños han sido señalados como un punto débil, con descripciones que indican que "dejan un poco que desear". En un local de vida nocturna, la limpieza y el mantenimiento de los aseos es un detalle fundamental que influye en la comodidad y la percepción general de calidad.
Un Local de Luces y Sombras
El Jardín de El Temple es un negocio con una dualidad muy marcada. Por un lado, ofrece una propuesta original y muy atractiva: la oportunidad de disfrutar de la noche en un lugar cargado de historia, con el extra de poder visitar unas catacumbas medievales. Este factor lo convierte en un bar memorable y diferente en el panorama de ocio de Zaragoza. Sin embargo, esta brillante fachada histórica se ve empañada por graves y recurrentes quejas sobre el trato humano. Las serias acusaciones de discriminación, junto con reportes de un servicio de seguridad arbitrario y un personal de barra poco profesional, constituyen una barrera importante. La experiencia en este pub parece ser polarizante: puede ser una noche fascinante para quienes no encuentren problemas en la puerta y conecten con la música, o una experiencia profundamente desagradable para quienes se topen con la cara más amarga de su gestión. Los potenciales clientes deben sopesar qué valoran más: el indiscutible encanto de su entorno o el riesgo de enfrentarse a un servicio que, según múltiples testimonios, deja mucho que desear.