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El Velódromo

El Velódromo

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C/ de Muntaner, 213, Eixample, 08036 Barcelona, España
Bar Bar de tapas Restaurante Restaurante de cocina catalana Restaurante de cocina española Restaurante de cocina europea
8.2 (9283 reseñas)

El Velódromo es más que un simple establecimiento en la calle Muntaner; es una institución barcelonesa que ha sido testigo de casi un siglo de historia. Desde su apertura en 1933, ha funcionado como un punto de encuentro social y cultural, sobreviviendo a guerras y modas para consolidarse como uno de los bares históricos más emblemáticos de la ciudad. Hoy en día, bajo la gestión de Cervezas Moritz y con la dirección gastronómica del chef galardonado con una estrella Michelin, Jordi Vilà, el local presenta una dualidad interesante: por un lado, un profundo respeto por su legado y una oferta culinaria sólida; por otro, ciertas inconsistencias en el servicio que generan una experiencia desigual para sus clientes.

Un Viaje en el Tiempo a través del Art Déco

Entrar en El Velódromo es como retroceder a la elegancia de los años 30. El espacio, amplio y de techos altos, está dominado por un exquisito diseño Art Déco que ha sido meticulosamente conservado. La imponente escalera de caracol, la balaustrada de madera noble, el billar clásico y los acabados en mármol y cromo crean una atmósfera única y acogedora. Este es, sin duda, uno de los bares con encanto más auténticos de Barcelona, un lugar donde el ambiente es el protagonista principal. La restauración llevada a cabo por Moritz tuvo el claro objetivo de recuperar su esplendor original, y el resultado es un espacio que invita a la tertulia, a la lectura tranquila o simplemente a disfrutar de un café mientras se observa el ir y venir de la ciudad a través de sus grandes ventanales. Es un local con alma, que fue refugio de intelectuales, artistas de la "gauche divine" y políticos durante décadas, y esa herencia cultural todavía se respira en cada rincón.

Una Propuesta Gastronómica para Todo el Día

Una de las grandes ventajas de El Velódromo es su increíblemente amplio horario. El concepto de "cocina non-stop" se lleva a la práctica desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la madrugada, lo que lo convierte en una opción fiable para cualquier momento del día. Ya sea para un desayuno completo, un vermut de mediodía, una comida de negocios, un tapeo informal por la tarde o una cena tardía, su carta está siempre disponible.

La oferta culinaria se centra en la cocina catalana y las tapas clásicas, ejecutadas con buen producto y una presentación cuidada. Entre sus platos más celebrados se encuentran algunas joyas que han ganado fama por méritos propios:

  • El bocadillo de pastrami: Considerado por muchos clientes como uno de los mejores platos del local, es una recomendación casi obligada.
  • La Bomba: Un clásico del tapeo barcelonés que aquí se presenta crujiente por fuera y con un interior suave y sabroso.
  • Croquetas y tortillas: Las croquetas, especialmente las de jamón y calamar, son un éxito de ventas, y la tortilla del día es otro de los platos que recibe elogios constantes.
  • Platos tradicionales: La carta también incluye opciones más contundentes como las albóndigas en salsa de cerveza negra (Mandonguillas), los macarrones de rustido o un cremoso arroz de calamar.

El precio, de nivel medio, se percibe como correcto y ajustado a la calidad del producto y, sobre todo, al entorno privilegiado en el que se disfruta.

El Talón de Aquiles: Un Servicio Inconsistente

A pesar de su magnífica atmósfera y su notable cocina, el punto flaco de El Velódromo, y el que genera más división de opiniones, es la calidad del servicio. Numerosos clientes reportan una atención extremadamente lenta y, en ocasiones, poco atenta. Las críticas mencionan largas esperas para tareas tan básicas como recibir la carta, que tomen nota de la comanda o que lleguen las bebidas. Esta lentitud ha llegado a tal punto que algunos visitantes han optado por marcharse antes de ser atendidos. En un caso particular, unos clientes esperaron 40 minutos por unas albóndigas que, al preguntar por ellas, descubrieron que ni siquiera se habían encargado a la cocina.

Más allá de la lentitud, también se han señalado actitudes poco hospitalarias. Un ejemplo claro es el de una familia a la que, al entrar con un carrito de bebé a un local que estaba medio vacío, se le recibió con reticencias sobre dónde ubicarlos. Este tipo de experiencias empañan la visita y son un aspecto crucial a considerar, especialmente para quienes van con niños pequeños o tienen el tiempo justo. Aunque algunos clientes afirman haber recibido un buen trato, la recurrencia de estas quejas sugiere un problema de consistencia que el establecimiento necesita abordar para estar a la altura de su propia leyenda.

Un Clásico con sus Luces y Sombras

El Velódromo es un lugar casi indispensable para quien quiera conocer uno de los bares históricos más bellos de Barcelona. Su ambiente Art Déco es un activo incalculable y su propuesta de tapas y raciones es sólida y apetecible a cualquier hora. Es el sitio perfecto si no se tiene prisa, si se valora la historia y la estética por encima de la eficiencia y si se busca un espacio para una conversación larga o para tomar algo en un entorno especial.

Sin embargo, es importante ir con las expectativas ajustadas en cuanto al servicio. No es la mejor opción para una comida rápida o si se es especialmente sensible a la atención lenta o descuidada. Familias con carritos de bebé también podrían querer considerar las experiencias de otros clientes. En definitiva, El Velódromo ofrece una experiencia memorable por su continente y su contenido gastronómico, pero que a veces se ve lastrada por un servicio que no siempre pedalea al mismo ritmo que su imponente historia.

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