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Hotel Restaurante La Casona de Jovellanos

Hotel Restaurante La Casona de Jovellanos

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Plazuela de Jovellanos, 1, Centro, 33201 Gijón, Asturias, España
Bar Bar restaurante Hospedaje Hotel Restaurante Restaurante asturiano
6.8 (2245 reseñas)

El Hotel Restaurante La Casona de Jovellanos se erige en un edificio histórico en la Plazuela de Jovellanos, un punto neurálgico de Gijón que le confiere su mayor y más indiscutible virtud: una ubicación privilegiada. Este establecimiento, que funciona como hotel, restaurante y sidrería, presenta una propuesta de doble filo que genera opiniones radicalmente opuestas entre sus clientes, dibujando un panorama de contrastes que cualquier potencial visitante debe conocer en profundidad.

Una Propuesta de Valor Centrada en el Precio y la Ubicación

El principal argumento a favor de La Casona de Jovellanos es, sin duda, su localización. Estar enclavado en un edificio emblemático en el centro de la ciudad es un atractivo innegable para turistas que desean tener todo al alcance de la mano. Este factor, combinado con unas tarifas generalmente económicas, conforma el núcleo de su oferta. Algunos clientes lo entienden así y valoran la experiencia en consecuencia. Consideran que las habitaciones son correctas para el precio que se paga, asumiendo que para obtener una calidad superior en una ubicación similar, el coste se multiplicaría exponencialmente. Para el viajero con un presupuesto ajustado que prioriza estar en el centro de la acción, esta puede ser una opción viable, aceptando de antemano que el lujo y la perfección no forman parte del trato.

Además, el complejo alberga una sidrería tradicional, un elemento que suma puntos para quienes buscan una inmersión en la cultura asturiana. La posibilidad de disfrutar de la gastronomía local y escanciar sidra en el mismo lugar de alojamiento es una comodidad. En ocasiones, el ambiente y el servicio logran crear experiencias muy positivas, como relatan algunos grupos que, a pesar de la afluencia de gente, se han sentido maravillosamente atendidos, destacando la amabilidad y la preocupación del personal por facilitar una estancia agradable y memorable. Estos momentos de buen servicio, personificados en empleados concretos, demuestran el potencial del lugar para generar recuerdos imborrables y lo convierten en una parada a considerar dentro de la ruta de bares de la ciudad.

Las Sombras de la Experiencia: Limpieza y Mantenimiento en Entredicho

Lamentablemente, la cara opuesta de la moneda es considerablemente más oscura y se centra en un problema recurrente y grave: la limpieza. Un número alarmante de testimonios describen un estado de higiene inaceptable tanto en las habitaciones como en los apartamentos. Las quejas van desde baños sucios y polvo acumulado en el mobiliario hasta la ausencia de elementos básicos como el jabón. Las descripciones son a menudo explícitas, mencionando ropa de cama con olores desagradables, mantas en mal estado, fregaderos con restos, e incluso la presencia de insectos.

La falta de una limpieza profunda parece ser una constante. Algunos huéspedes relatan haber dormido vestidos sobre una toalla por la desconfianza que les generaba la cama, o no haberse atrevido a utilizar la ducha. Esta situación se extiende a los apartamentos, donde se han reportado carencias de menaje de cocina o de electrodomésticos esenciales como una nevera, que en algunos casos tuvo que ser solicitada expresamente. A estos problemas de higiene se suman fallos de mantenimiento, como mandos de televisión que no funcionan o ventanas que no cierran correctamente, lo que agrava la experiencia al permitir la entrada de todo el ruido exterior, un factor a tener en cuenta dada su céntrica ubicación y la actividad de su propia sidrería.

Olores y Ruido: Factores que Afectan al Confort

Otro de los puntos negativos más señalados es el de los olores. Varios clientes mencionan un olor nauseabundo y persistente en las zonas comunes como la entrada, la recepción y los pasillos. Se describe una mezcla de olores, desde un penetrante aroma a aceite reutilizado y fritura que impregna el ambiente y la ropa, hasta un desagradable olor a fosa séptica en algunos baños. Este asalto olfativo constante es un detractor significativo que puede arruinar la estancia desde el primer momento.

El ruido es el otro gran inconveniente. Al estar situado sobre una concurrida sidrería, el bullicio es constante hasta altas horas de la noche. Para quienes tienen el sueño ligero o simplemente buscan un lugar tranquilo para descansar, esto puede ser un problema insalvable. Si bien algunos huéspedes afirman haber podido dormir profundamente, es un riesgo que depende de la sensibilidad de cada persona y de la ubicación de la habitación asignada. La combinación de ventanas que no aíslan bien y la vibrante vida nocturna justo debajo puede ser una receta para el desastre para muchos.

El Servicio: Entre la Amabilidad y las Malas Prácticas

El trato del personal es otro ámbito de fuertes contrastes. Mientras algunos clientes, como se ha mencionado, alaban la gran atención y amabilidad de ciertos empleados, especialmente en la recepción, que se esfuerzan por solucionar los problemas y hacer la estancia más llevadera, otros relatan experiencias totalmente opuestas. Un ejemplo particularmente preocupante es el de un camarero en el bar de copas que utilizó la mano para introducir hielo en una jarra de sangría de sidra, una práctica antihigiénica que genera una desconfianza total hacia la manipulación de alimentos y bebidas en el establecimiento. Esta dualidad en el servicio hace que la experiencia sea impredecible: se puede encontrar a una persona encantadora que salve la situación o a un servicio descuidado que la empeore.

El Veredicto Final: ¿Merece la Pena?

La Casona de Jovellanos es un establecimiento no apto para todos los públicos. Es una elección que debe tomarse con pleno conocimiento de sus pros y sus, muy importantes, contras.

¿Para quién podría ser una opción? Para el viajero joven, el grupo de amigos o la persona con un presupuesto muy limitado cuya máxima prioridad sea la ubicación. Si el plan es pasar el mínimo tiempo posible en la habitación y disfrutar al máximo de los mejores bares y la oferta de Gijón, y se está dispuesto a tolerar una limpieza superficial y posibles incomodidades a cambio de un precio bajo, podría considerarse. Es para aquellos que buscan bares baratos y un lugar céntrico donde simplemente pernoctar.

¿Quién debería evitarlo? Familias con niños, viajeros de negocios, parejas en una escapada romántica y, en general, cualquier persona con unos estándares mínimos de limpieza, confort y tranquilidad. Aquellos sensibles a los olores y al ruido deberían descartarlo de inmediato. La inconsistencia en el servicio y los graves fallos de higiene reportados lo convierten en una apuesta demasiado arriesgada para quien busca una experiencia agradable y sin sobresaltos.

La Casona de Jovellanos vive de su glorioso emplazamiento, pero su gestión interna en términos de limpieza y mantenimiento deja un rastro de decepción en un gran número de clientes. La decisión final recae en el visitante y en su escala de prioridades: ¿compensa una ubicación inmejorable los serios riesgos para el confort y la higiene?

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