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La Taberna de Cicera

La Taberna de Cicera

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Pob. Cicera, 124, 39580 Cicera, Cantabria, España
Bar Bar restaurante Restaurante
8.8 (248 reseñas)

Un Recuerdo Imborrable en el Camino Lebaniego: La Historia de La Taberna de Cicera

En el pequeño y pintoresco pueblo de Cicera, Cantabria, existió un establecimiento que fue mucho más que un simple negocio de hostelería. La Taberna de Cicera se erigió como un punto de referencia, un refugio y un lugar de encuentro memorable, especialmente para los peregrinos que recorrían el exigente Camino Lebaniego. A pesar de la huella positiva que dejó en cientos de visitantes, es fundamental señalar desde el principio la realidad actual: La Taberna de Cicera se encuentra cerrada permanentemente. Este artículo sirve como un análisis de lo que fue, destacando tanto sus aclamados puntos fuertes como la innegable desventaja de su cierre definitivo.

Para muchos, este lugar era un auténtico oasis. Tras largas jornadas de caminata, encontrar un bar como este significaba una recompensa. Los comentarios de quienes lo visitaron pintan la imagen de un local acogedor y cuidadosamente mantenido, un detalle que no pasaba desapercibido. Su ubicación era estratégica, no solo para los caminantes, sino también para aquellos que visitaban atractivos cercanos como el mirador de Santa Catalina, famoso por sus espectaculares vistas del Desfiladero de la Hermida. La taberna ofrecía un respiro necesario, un lugar para reponer fuerzas antes de continuar el viaje o simplemente para disfrutar de la tranquilidad del entorno.

Gastronomía Casera: El Sabor de la Tradición

El corazón de La Taberna de Cicera latía en su cocina. La propuesta gastronómica se basaba en la autenticidad y el cariño, con platos caseros que dejaban una impresión duradera. Uno de los mayores atractivos era su cocido montañés, una especialidad cántabra que aquí se preparaba con esmero, convirtiéndose en una parada casi obligatoria para degustarlo. La oferta, sin embargo, era variada y pensada para todos los gustos. Desde pizzas caseras y hamburguesas hasta un completo y asequible menú del día, este era uno de esos bares para comer donde la calidad no estaba reñida con el precio. El hecho de tener un nivel de precios catalogado como económico (1 sobre 4) lo hacía accesible para todos los bolsillos, un factor especialmente valorado por los peregrinos.

La cocina, liderada por Nuria según mencionan algunos antiguos clientes, era el alma del lugar. Se destacaba el "mimo" con el que se elaboraban los platos. Esta atención al detalle convertía una simple comida en una experiencia reconfortante y genuina, un verdadero sabor a hogar en mitad del camino. Ofrecían también un servicio de bares de tapas, ideal para quienes buscaban un bocado más ligero acompañado de una bebida refrescante.

El Valor del Trato Humano y un Entorno Privilegiado

Si la comida era el corazón, el servicio y el ambiente eran el alma de La Taberna de Cicera. Atendido por sus propias dueñas, el trato era descrito como inmejorable: cercano, atento y eficiente. Esta gestión familiar creaba una atmósfera de confianza y bienvenida que hacía que los clientes se sintieran cuidados. Un detalle que resalta en las reseñas es la flexibilidad y consideración hacia los peregrinos, llegando a abrir más temprano de lo habitual para poder servirles el desayuno. Este tipo de gestos marcan la diferencia y son los que forjan una reputación sólida y un cariño especial por parte de la clientela.

Otro de sus grandes triunfos era su espacio exterior. La taberna contaba con una magnífica terraza sobre césped, con sombra y vistas preciosas, convirtiéndola en uno de los bares con terraza más encantadores de la zona. En días de buen tiempo, este espacio se transformaba en el lugar perfecto para relajarse, tomar una copa y disfrutar de la paz del valle de Peñarrubia. La limpieza, tanto del local como de los aseos, era otro punto fuertemente elogiado, un aspecto que, aunque básico, es de suma importancia y denota un profundo respeto por el cliente.

El Silencio Actual: El Inconveniente de una Puerta Cerrada

Llegamos al punto más negativo y definitivo: la inactividad. A pesar de haber acumulado una excelente valoración media de 4.4 estrellas sobre 5 con base en casi 200 opiniones, La Taberna de Cicera ya no abre sus puertas. Para un directorio, esta es la información más crítica. Quienes busquen hoy este "oasis" se encontrarán con un local cerrado. Este cierre representa una pérdida significativa para la pequeña localidad de Cicera y para la infraestructura de servicios del Camino Lebaniego. Era considerado por muchos una "parada obligatoria", y su ausencia deja un vacío para los futuros viajeros que recorran esa ruta. La falta de un bar-restaurante con sus características —buena comida, precios justos y un trato excepcional— se nota en una etapa del camino donde las opciones pueden ser limitadas.

Un Legado de Hospitalidad

La Taberna de Cicera fue un establecimiento ejemplar que supo combinar a la perfección la gastronomía tradicional y casera con un servicio humano y un entorno privilegiado. Sus fortalezas eran claras y numerosas: la calidad y variedad de su comida, la atención personalizada de sus dueñas, una terraza idílica y una especial sensibilidad hacia las necesidades de los peregrinos. Fue, sin duda, uno de los mejores bares de su tramo en el Camino Lebaniego. Sin embargo, la realidad es que el negocio ha cesado su actividad de forma permanente, y este es su único, aunque insalvable, punto negativo. Su recuerdo perdura en las memorias y reseñas de quienes tuvieron la fortuna de visitarlo, como testimonio de un lugar que supo ser refugio y hogar para el viajero.

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