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LOS LEBRELES DE DON CARLOS

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Pl. Carlos III El Noble, 23, 31390 Olite, Navarra, España
Bar
8.8 (63 reseñas)

Situado en un enclave absolutamente privilegiado, en la Plaza Carlos III El Noble de Olite, el bar Los Lebreles de Don Carlos se presenta como una opción de contrastes. Su principal y más indiscutible valor es su ubicación: una terraza a los pies del majestuoso Palacio Real. Sin embargo, la experiencia que ofrece más allá de las vistas parece ser una auténtica lotería, con opiniones de clientes que oscilan radicalmente entre la satisfacción total y la más profunda decepción.

Una Localización Inmejorable

No se puede hablar de Los Lebreles de Don Carlos sin empezar por su mayor atractivo. Ocupa un lugar de ensueño para cualquier establecimiento hostelero, permitiendo a sus clientes tomar algo mientras contemplan una de las joyas arquitectónicas de Navarra. Para quienes buscan un lugar donde disfrutar de una cerveza fría o una copa de vino de la región en un entorno histórico, este bar con terraza cumple con creces las expectativas. La atmósfera, descrita por algunos como idílica, es perfecta para una tarde tranquila, especialmente durante el atardecer, cuando la luz realza la belleza del palacio.

La Experiencia Gastronómica: Un Campo de Minas

El menú del local, que según su propia descripción incluye raciones, pizzas y paellas, es el epicentro de la controversia. Existen clientes que han tenido experiencias muy positivas, destacando paellas "exquisitas" y raciones de chistorra con patatas muy sabrosas. Una comensal incluso resalta la generosidad de las porciones y la excelente atención de una camarera en concreto. Estas reseñas pintan la imagen de un lugar recomendable para comer o cenar después de una visita turística.

Sin embargo, un número significativo de opiniones dibuja un panorama completamente distinto. Las críticas negativas son específicas y recurrentes, apuntando a una inconsistencia alarmante en la calidad de la cocina. Un caso particularmente llamativo es el de los "Reventados", unos bollos rellenos que, según un cliente, carecían por completo de sabor y sal. La justificación ofrecida por el personal —que cocinan sin sal pensando en la gente mayor del pueblo— resulta, como mínimo, desconcertante para un negocio de restauración. A esto se suman quejas sobre patatas bravas servidas frías, con una salsa que no hacía honor a su nombre, y una paella de verduras calificada de grasienta. La calidad del pan tampoco sale bien parada, descrito como harinoso y malo.

Precios y Cantidades en el Punto de Mira

Otro aspecto que genera descontento es la relación entre la cantidad y el precio. Varios clientes han señalado que las raciones son escasas para su coste. Pagar 8€ por unas pocas patatas bravas o 12,90€ por una ración de callos del tamaño de una media ración en otros lugares, ha dejado a más de uno con la sensación de estar en un local que se aprovecha de su ubicación turística para inflar los precios sin ofrecer una calidad acorde.

El Servicio: Entre la Amabilidad y el Caos

El trato y la eficiencia del personal es otro de los puntos de fuerte discordia. Por un lado, hay testimonios que alaban la amabilidad y atención del equipo, mencionando cómo hicieron el favor de servir una cena a última hora a unos viajeros o el excelente trato recibido por parte de una camarera cubana. Estos gestos muestran una cara amable y hospitalaria del negocio.

Por otro lado, la lentitud es una queja persistente y grave. Varios clientes relatan esperas excesivamente largas, de hasta una hora, incluso con pocas mesas ocupadas. La situación parece agravarse en momentos de alta afluencia, como durante las fiestas medievales, donde la aparente falta de personal —se menciona un único camarero para toda la terraza— provoca que mesas enteras decidan marcharse antes de ser atendidas. La actitud del personal frente a las quejas también ha sido criticada, con respuestas displicentes que no ayudan a mejorar la experiencia del cliente.

¿Vale la Pena la Visita?

Los Lebreles de Don Carlos es un bar de tapas que vive de su extraordinaria ubicación. Es, sin duda, una opción fantástica si el objetivo es simplemente disfrutar de una bebida en un entorno espectacular. La posibilidad de sentarse en su terraza con vistas al Palacio Real es una experiencia que pocos bares en Olite pueden ofrecer.

No obstante, a la hora de decidir si comer o cenar aquí, el cliente potencial debe ser consciente de que se arriesga a una experiencia irregular. La calidad de la comida y la eficiencia del servicio son impredecibles. Puede que disfrute de una paella deliciosa con un servicio atento, o puede que se enfrente a una larga espera por platos insípidos y caros. La recomendación sería visitarlo con las expectativas ajustadas: ideal para una pausa y un refresco, pero una apuesta arriesgada para una comida completa, especialmente si el local está concurrido.

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