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Merendero de Ulía

Merendero de Ulía

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De Ulia Ibilbidea, 311, 20013 Donostia / San Sebastián, Guipúzcoa, España
Bar Bar restaurante Restaurante
8 (670 reseñas)

En la cima del monte Ulía, existió un establecimiento que para muchos donostiarras y visitantes fue más que un simple negocio de hostelería: el Merendero de Ulía. Este lugar, hoy permanentemente cerrado, representaba una parada casi obligatoria para quienes buscaban un respiro de la ciudad sin alejarse demasiado. Su historia y las razones de su cierre definitivo ofrecen una visión completa de lo que fue un icónico bar con vistas y punto de encuentro social. Aunque ya no es posible visitarlo, su recuerdo perdura en las más de 500 valoraciones positivas que acumuló durante sus años de actividad.

Ubicado en el edificio Basollua, un inmueble con más de un siglo de historia que antiguamente albergó el Tiro al Plato, el merendero ofrecía un entorno privilegiado en plena naturaleza. Su principal atractivo era, sin duda, su localización. Los clientes disfrutaban de una terraza y jardines desde donde las vistas de San Sebastián y el mar Cantábrico eran sencillamente espectaculares. Era el lugar perfecto para culminar un paseo por el monte, ya fuera a pie, corriendo o en bicicleta, ofreciendo un espacio de descanso y desconexión inigualable.

Una Experiencia Gastronómica y Familiar en la Naturaleza

El Merendero de Ulía no solo vivía de sus vistas. Su propuesta gastronómica, calificada por muchos como "espectacular", era uno de sus pilares fundamentales. Con un nivel de precios asequible, ofrecía menús de fin de semana por unos 20 euros que incluían platos tradicionales y bien elaborados. Las reseñas de antiguos clientes evocan con cariño platos como las alubias con chorizo, la panceta con salsa de verduras, el pato o una memorable lasaña de txangurro. Los postres, como la tarta de queso, también recibían constantes elogios, demostrando que el cocinero, a quien un cliente describió como "un artista", ponía esmero en cada creación. Era uno de esos bares baratos donde la calidad superaba con creces el coste.

Más allá de la comida, el ambiente era otro de sus puntos fuertes. El servicio, a menudo descrito como "encantador" y atento, contribuía a una experiencia redonda. El espacio se convertía en un destino ideal para diferentes públicos. Era perfecto para una tarde de verano, donde se podía disfrutar de un aperitivo y tapas o simplemente dónde tomar algo en su amplia terraza. Además, se consolidó como uno de los mejores bares para ir con niños, gracias a su zona de juegos al aire libre y los amplios jardines que permitían a los más pequeños correr y jugar en un entorno seguro mientras los adultos se relajaban.

Aspectos Menos Favorables: El Principio del Fin

A pesar de sus numerosas virtudes, el Merendero de Ulía presentaba ciertos inconvenientes que, con el tiempo, se volvieron insostenibles. Uno de los puntos débiles era su accesibilidad. Al estar en un parque natural protegido, el acceso en coche estaba restringido para el público general. Si bien existía un parking, para acceder a él era necesario llamar a un interfono para que abrieran una barrera, y el aparcamiento junto al local se reservaba principalmente para trabajadores y proveedores, aunque se hacían excepciones para personas con movilidad reducida. Esta logística podía resultar incómoda para muchos visitantes.

Otro factor era su horario limitado, ya que algunas reseñas apuntan a que operaba principalmente durante los fines de semana, reduciendo su disponibilidad para el público entre semana. Sin embargo, el golpe de gracia no vino de sus operaciones diarias, sino de su modelo de gestión. El establecimiento era una concesión municipal, y el gestor se enfrentó a serias dificultades económicas para abonar el canon anual estipulado por el Ayuntamiento. En 2020, se anunció la resolución del contrato debido al impago de dicho canon, que ascendía a una deuda considerable. El propio gestor había comunicado previamente su intención de renunciar al contrato, alegando la mala situación económica del negocio.

Un Legado Cerrado y un Futuro Incierto

El cierre del Merendero de Ulía en 2019, antes incluso de la pandemia, dejó un vacío en el monte y en la oferta de ocio de la ciudad. El Ayuntamiento de San Sebastián, propietario del edificio, ha intentado reactivar el espacio. Tras una inversión de 450.000 euros en su rehabilitación en 2009, el consistorio volvió a sacar a concurso la concesión en 2023. Las nuevas condiciones incluían una inversión mínima de casi 90.000 euros por parte del nuevo adjudicatario y un canon anual de 3.000 euros más un porcentaje de la facturación.

Lamentablemente, este primer intento no tuvo éxito y el concurso quedó desierto, sin que ninguna empresa presentara una oferta. Este hecho sume el futuro del emblemático edificio en una mayor incertidumbre. Hoy, el Merendero de Ulía permanece como un recuerdo para quienes lo disfrutaron, un esqueleto de piedra que evoca tardes de sol, buena comida y vistas impresionantes. Su historia es un reflejo de cómo un negocio querido y popular puede sucumbir a dificultades administrativas y económicas, dejando a la comunidad sin uno de sus referentes de ocio en la naturaleza.

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