Oblikue Xiringuito Santvi
AtrásOblikue Xiringuito Santvi fue una propuesta gastronómica que se instaló en el Passeig del Marquès de Casa Riera, en Sant Vicenç de Montalt, generando una notable conversación entre los aficionados a los bares de playa. A pesar del interés que suscitó, es fundamental señalar que el establecimiento figura actualmente como cerrado permanentemente, una información crucial para cualquiera que planee una visita. Este análisis se adentra en lo que fue su oferta, sus puntos fuertes y las controversias que rodearon a este particular chiringuito, utilizando la vasta información de quienes lo vivieron en primera persona.
Una Cocina Ambiciosa a Orillas del Mar
El principal factor que diferenciaba a Oblikue de otros establecimientos de la zona era, sin duda, su cocina. Lejos de ofrecer el sota, caballo y rey de un bar de playa tradicional, apostaba por una carta elaborada, con producto de alta calidad y una clara influencia de alta cocina. Esto no era casualidad; detrás de los fogones se encontraba una chef con una trayectoria reconocida, quien había liderado previamente proyectos en Barcelona, un dato que algunos clientes conocían y que justificaba el nivel de platos como el ceviche, el carpaccio de atún bluefin o el tartar de gamba de Palamós. Los comensales que valoraban la gastronomía por encima del entorno informal de la playa encontraron aquí un verdadero tesoro.
Las reseñas positivas se deshacen en elogios hacia platos específicos, pintando un cuadro de excelencia culinaria. Por ejemplo, el carpaccio de atún es descrito como "uno de los mejores probados", el pan de masa madre con tomate como "de otro planeta" y el ceviche alcanza un "nivel top". Esta atención al detalle se extendía a opciones aparentemente más sencillas. El bocata de calamares, los mejillones Oblikue con una salsa calificada de "brutal", las croquetas de chipirones o los chips de berenjena con miel y queso recibían alabanzas constantes, demostrando que la calidad era transversal en toda la carta. Incluso la hamburguesa, elaborada con carnes de Black Angus y Wagyu, se destacaba por su sabor, aunque algún cliente la encontró de un tamaño algo justo.
Los Postres: Un Cierre Inesperado y Memorable
Un capítulo aparte merecen sus postres, especialmente la tarta de queso. Múltiples opiniones la elevan a una categoría superior, describiéndola como "espectacular" y comparándola, sin rubor, con referentes tan aclamados como la del restaurante La Viña. La particularidad de su acabado, con una capa quemada al estilo "brûlée", la convirtió en un final de comida casi obligatorio y uno de los platos más recordados del lugar. Otros postres, como el helado de coco con cerezas confitadas, también dejaban una impresión muy positiva, consolidando la idea de que la experiencia en Oblikue buscaba ser redonda de principio a fin.
Las Sombras de Oblikue: Precio y Servicio en el Punto de Mira
Sin embargo, no todas las experiencias fueron idílicas. El ambicioso planteamiento gastronómico de Oblikue trajo consigo una política de precios que generó una fuerte división de opiniones. Mientras una parte de la clientela entendía que la calidad del producto y la elaboración justificaban un ticket medio elevado (una cena para dos podía rondar los 100€, como señaló un cliente que pagó 50€ por persona), otro sector consideraba las tarifas totalmente desproporcionadas para el concepto de un chiringuito. Este es el punto de fricción más evidente que se extrae de las críticas.
Las quejas se centraban en platos concretos con precios que parecían fuera de lugar. Un pulpo a 34€ que, según una opinión, no estaba a la altura, o un chuletón a 65€, son ejemplos de esta percepción de sobrecoste. Esta situación llevaba a algunos a sentir que el local se aprovechaba de su ubicación privilegiada. La crítica se agudiza al comparar sus precios con los de otros bares de tapas de la zona, donde la oferta, aunque quizás más tradicional, presentaba una relación calidad-precio más ajustada a las expectativas del público para un local a pie de arena.
La Inconsistencia en el Trato y la Calidad
El segundo gran pilar de las críticas negativas fue la inconsistencia, tanto en el servicio como en la propia comida. Así como hay reseñas que califican la atención de "excepcional", "amable y atenta", otras relatan una experiencia completamente opuesta, con un personal calificado de "muy borde" y episodios desagradables donde se escuchó a un encargado hablar de malas formas a otros clientes. Esta dualidad sugiere una falta de estándar en el trato, un factor que puede arruinar la mejor de las comidas y que resulta difícil de perdonar, especialmente cuando los precios son elevados.
Esta irregularidad también salpicaba a la cocina. Frente a la avalancha de elogios, aparecen críticas puntuales pero severas sobre la ejecución de algunos platos. Unas chips de berenjena descritas como "quemadas y aceitosas" o un pulpo que "no estaba nada bueno" contrastan frontalmente con las opiniones entusiastas de otros comensales sobre esos mismos platos. Este tipo de fallos, aunque puedan ser aislados, erosionan la confianza y refuerzan la idea de que la experiencia en Oblikue podía ser una lotería.
de un Proyecto Polarizante
Oblikue Xiringuito Santvi representó un experimento audaz: trasladar la ambición y los estándares de un restaurante de alta cocina a la informalidad de la playa. Para muchos, fue un éxito rotundo, un lugar donde disfrutar de una comida memorable con vistas al mar, justificando cada euro pagado. Para otros, fue un intento fallido, un local con precios de restaurante de lujo pero con las inconsistencias y la actitud que no corresponden a esa categoría. La ubicación, un valor seguro para cualquier bar con terraza, no fue suficiente para consolidar un modelo de negocio que, a la vista de las opiniones y su cierre definitivo, resultó polarizante. Aunque ya no es posible visitarlo, su historia sirve como un interesante reflejo de las cambiantes expectativas del público y de los desafíos que enfrenta la alta gastronomía cuando decide ponerse las chanclas y bajar a la arena.