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Periquillo Bar Restaurante

Periquillo Bar Restaurante

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Rúa de San Lázaro, 59, 15707 Santiago de Compostela, A Coruña, España
Bar Restaurante
8.8 (268 reseñas)

Ubicado en la Rúa de San Lázaro, en una de las últimas etapas del Camino de Santiago antes de llegar a la Catedral, el Periquillo Bar Restaurante fue durante años una parada casi obligatoria para peregrinos, vecinos y trabajadores de la zona. Aunque actualmente el establecimiento figura como cerrado permanentemente, su recuerdo perdura gracias a una reputación construida sobre tres pilares fundamentales: comida casera de calidad, un trato excepcionalmente cercano y precios que desafiaban a la competencia. Este artículo analiza lo que hizo de Periquillo un lugar tan apreciado, así como los aspectos que, para algunos, podrían no haber sido su fuerte, culminando en la realidad de su cierre definitivo.

Una propuesta gastronómica honesta y contundente

El principal atractivo de Periquillo residía en su cocina. Lejos de las propuestas de vanguardia, este establecimiento apostaba por la comida casera, esa que evoca sabores familiares y se elabora con esmero y buen producto. Su menú del día era legendario en la zona, ofreciendo por solo 10 euros una comida completa, abundante y sabrosa que incluía postre y café. Los comensales destacaban la generosidad de las raciones, hasta el punto de que, en ocasiones, era difícil terminar todo lo servido, algo especialmente valorado por los peregrinos que llegaban con el apetito forjado por kilómetros de caminata.

Dentro de su carta, había platos que brillaban con luz propia. Las reseñas son casi unánimes al señalar su pulpo como uno de los mejores de Santiago, e incluso de Galicia. Un cliente, oriundo del sur de España, llegó a afirmar que fue el mejor pulpo que había probado en toda la región, un halago significativo en la tierra por excelencia de este cefalópodo. Este dominio de uno de los platos insignia de los restaurantes gallegos demuestra el compromiso del local con la calidad y la tradición. Además del pulpo, el local era también un excelente bar de tapas, donde las cañas, siempre servidas bien frías, venían acompañadas de un buen pincho, cortesía de la casa.

El dulce final y los desayunos

No solo los platos salados conquistaban a la clientela. El postre, a menudo un bizcocho casero, recibía elogios constantes por su sabor y textura, convirtiéndose en el cierre perfecto para una comida satisfactoria. La oferta se completaba con desayunos, posicionando a Periquillo como un local versátil, capaz de atender a su público desde primera hora de la mañana hasta la cena.

El valor de un servicio familiar en un bar de barrio

Otro de los elementos que definían la experiencia en Periquillo era el trato humano. Los propietarios y el personal lograban crear una atmósfera cálida y familiar que hacía que los clientes se sintieran como en casa. La atención era descrita como amable, cercana y atenta, características propias de un auténtico bar de barrio donde los clientes no son meros números, sino parte de una pequeña comunidad. Esta hospitalidad era especialmente reconfortante para los peregrinos, que encontraban en Periquillo no solo alimento para el cuerpo, sino también un gesto de bienvenida y cuidado en la recta final de su largo viaje.

El local era espacioso, con mesas tanto en la zona delantera como en un sector interno, e incluso contaba con un parrillero, lo que lo hacía adecuado para celebraciones y reuniones de grupos. La disponibilidad de wifi libre era otro detalle que sumaba puntos, especialmente para los viajeros.

Los puntos débiles y el cierre definitivo

No todo era perfecto, y el principal aspecto señalado por los clientes era la sencillez de su mobiliario y decoración. Periquillo no era un lugar para quienes buscaran un ambiente sofisticado o de diseño. Su estética era la de un bar tradicional, funcional y sin pretensiones. Sin embargo, lo que para algunos podría ser un punto negativo, para la mayoría de su clientela formaba parte de su encanto y autenticidad, reforzando esa sensación de estar en un lugar genuino y no en una franquicia impersonal.

El mayor punto negativo, sin duda, es su estado actual. El hecho de que un negocio con una valoración media de 4.4 sobre 5, basada en más de 200 opiniones, y con una clientela tan fiel y satisfecha, haya cerrado permanentemente, es una noticia desalentadora. Representa la pérdida de un establecimiento que aportaba valor a su comunidad, un lugar que ofrecía una excelente relación calidad-precio y que era un refugio gastronómico para muchos. Las razones detrás de su cierre no son públicas, pero su ausencia deja un vacío en la oferta de bares baratos y de calidad en la zona de San Lázaro.

Un legado de buenos recuerdos

En definitiva, el Periquillo Bar Restaurante se consolidó como un referente por su capacidad para ofrecer una experiencia completa y satisfactoria a un precio muy competitivo. Su éxito no se basaba en lujos ni en artificios, sino en la solidez de su cocina, la abundancia de sus platos, la calidez de su servicio y una ubicación estratégica. Aunque sus puertas ya no estén abiertas, el legado de Periquillo es el de un negocio honesto y bien gestionado que entendió a la perfección las necesidades de su clientela, dejando una huella imborrable en el recuerdo de quienes tuvieron la suerte de sentarse a su mesa.

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