Restaurante Ni Neu
AtrásUbicado en una de las localizaciones más emblemáticas de Donostia, a los pies de los cubos de vidrio del Palacio de Congresos Kursaal y con vistas directas a la playa de la Zurriola, el Restaurante Ni Neu fue durante más de una década un punto de referencia en el panorama gastronómico de la ciudad. Sin embargo, es fundamental que los potenciales comensales sepan que, tras doce años de andadura, Ni Neu cerró sus puertas de forma permanente a principios de 2022. Este artículo analiza lo que fue este establecimiento, sus aciertos y sus fallos, basándose en la experiencia que ofreció a lo largo de su historia.
El concepto detrás de Ni Neu era ambicioso y atractivo. Gestionado por el prestigioso IXO Grupo, liderado por el chef Andoni Luis Aduriz, el restaurante nació con la vocación de ser un “prêt-à-porter” de la alta gastronomía. La idea era trasladar técnicas de vanguardia y la excelencia de la cocina de autor a un formato más accesible y a un público más amplio, sin la formalidad de un restaurante con estrellas Michelin. Este enfoque le valió reconocimientos importantes, como un Sol Repsol y la inclusión en guías de prestigio como la del New York Times, que lo marcaba como una visita obligada en San Sebastián.
Una experiencia de contrastes: Lo mejor de Ni Neu
Cuando Ni Neu acertaba, la experiencia era sublime. Su mayor activo, indiscutiblemente, era su entorno. Contaba con una amplia terraza a pie de calle que permitía disfrutar del pulso de la ciudad y las vistas a la ría, convirtiéndolo en uno de los restaurantes con terraza más solicitados. El comedor, de diseño moderno y minimalista, se integraba perfectamente con la arquitectura del Kursaal, ofreciendo un ambiente luminoso y elegante.
En el plano culinario, ciertos platos dejaron una huella imborrable en la memoria de los comensales. Las reseñas destacan creaciones que alcanzaban la excelencia, como una "lubina a la sal espectacular", descrita por un cliente como la mejor que había probado en su vida. Otros platos como el solomillo también recibían elogios por su punto de cocción y calidad. Y si había un postre icónico, ese era la torrija caramelizada, calificada como "casi imperativa" e "impecable". Estos platos demuestran que la cocina, bajo la batuta de chefs como Mikel Gallo en su momento, tenía la capacidad de ofrecer momentos de verdadera alta cocina.
El servicio, en sus mejores días, era descrito como atento y profesional, pero sin llegar a ser agobiante. Algunos clientes destacaban detalles de elegancia, como la compensación con un plato de cortesía ante un retraso en la cocina, gestos que denotaban un interés por la satisfacción del cliente y que contribuían a una experiencia redonda para quienes buscaban comer bien en un entorno privilegiado.
Las sombras de la irregularidad: Los puntos débiles
A pesar de sus notables fortalezas, la trayectoria de Ni Neu estuvo marcada por una profunda irregularidad que generó experiencias completamente opuestas. El aspecto más criticado de forma recurrente fue el servicio. Mientras algunos clientes lo encontraban excelente, otros lo calificaron como "espantoso" y "el peor de todo Donosti". Las quejas se centraban en una lentitud exasperante, con comidas que podían prolongarse hasta cuatro horas, y en una actitud displicente por parte de algunos miembros del personal, que llegaban a "tirar los cubiertos en la mesa" o a mostrar "cara de asco" ante las peticiones.
Esta inconsistencia se trasladaba también a la cocina. Por cada lubina memorable, había un "arroz de mariscos insípido", un "cordero seco con poco sabor" o un pescado que no destacaba por su frescura. Esta falta de uniformidad en la calidad convertía la visita en una apuesta arriesgada, especialmente considerando que el nivel de precios, aunque catalogado como moderado, resultaba excesivo cuando la experiencia no estaba a la altura. Un grupo de veinte personas llegó a pagar una cuenta de casi mil euros por una comida que describieron como fría, lenta y con una atención pésima.
Otro punto débil significativo era la aparente falta de flexibilidad ante necesidades dietéticas específicas. Un caso mencionado relata cómo, tras solicitar repetidamente una opción sin lactosa para una persona, la única solución ofrecida fue "un melocotón feo", un detalle que refleja una falta de atención y recursos inaceptable en un restaurante de su categoría y que desluce cualquier intento de ofrecer una experiencia de bares con encanto y alta cocina.
Análisis final de un restaurante icónico
Ni Neu no fue un restaurante que dejara indiferente. Su propuesta era la de un lugar donde cenar en San Sebastián con el respaldo de un gran chef y en una ubicación inmejorable. Fue un proyecto con un alma dual: capaz de lo mejor y, lamentablemente, también de lo peor. La experiencia dependía en exceso del día, del equipo de sala que atendiera la mesa o de la inspiración del chef en un plato concreto.
Su legado es el de un establecimiento que intentó con valentía acercar la vanguardia culinaria al gran público. Tuvo éxito en muchos aspectos, creando platos memorables y ofreciendo un espacio único. Sin embargo, sus problemas de consistencia, sobre todo en el servicio, impidieron que se consolidara como una apuesta segura y fiable. Hoy, el local que ocupaba ha dado paso a un nuevo proyecto, también bajo el paraguas de Andoni Luis Aduriz, llamado Muka, que explora la cocina en torno al fuego, manteniendo viva la actividad gastronómica en este rincón privilegiado del Kursaal.