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Xigarito

Xigarito

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Acceso a la Playa de Xivares, 33492 Xivares, Asturias, España
Bar Chiringuito Restaurante
9 (1373 reseñas)

Xigarito no fue un establecimiento convencional. Situado a pie de la Playa de Xivares, en Asturias, se consolidó durante años como un punto de encuentro con una propuesta muy particular que lo diferenciaba de otros bares y restaurantes de la zona. Su modelo de negocio, a medio camino entre un chiringuito de playa y un merendero tradicional, atrajo a un público muy diverso, generando una reputación tan sólida como polarizada. Sin embargo, es crucial señalar desde el principio que, según los datos más recientes, el establecimiento se encuentra permanentemente cerrado, por lo que este análisis sirve como un retrato de lo que fue un lugar icónico para muchos y problemático para otros.

El Concepto: La Clave de su Éxito

La principal razón de la popularidad de Xigarito residía en su singular oferta. Permitía a los clientes traer su propia comida, una práctica común en los merenderos asturianos, pero con la condición de que todas las bebidas fueran adquiridas en el local. Esta fórmula resultaba extremadamente atractiva para familias y grandes grupos de amigos que buscaban una jornada de playa económica sin renunciar a la comodidad de tener un espacio con mesas, sillas y servicios. Era la solución perfecta para organizar una comida campestre sin tener que cargar con todo desde casa.

Para facilitar aún más las cosas, el local ofrecía un servicio de alquiler de parrillas y paelleras a un precio que muchos clientes calificaban de simbólico o "irrisorio". No solo proporcionaban el equipo, sino también el carbón, las pinzas y otros utensilios básicos, eliminando una de las mayores barreras logísticas para cualquiera que quisiera disfrutar de una barbacoa junto al mar. Esta facilidad para organizar un evento social lo convirtió en un destino de referencia durante los veranos, un lugar donde el plan era sencillo: llegar, pedir una cerveza fría o un refresco, y ponerse a cocinar. Esta propuesta lo posicionó como uno de los bares de playa más funcionales y concurridos de la costa asturiana.

Un Ambiente Único y Familiar

Más allá de su modelo de negocio, el ambiente de Xigarito era otro de sus grandes atractivos. La decoración, descrita por algunos asiduos como "alternativa" y con toques de arte urbano y playero, creaba una atmósfera informal y desenfadada. No era un lugar de lujos, sino un espacio pensado para el disfrute sin pretensiones, con buena música de fondo que contribuía a un ambiente relajado. Era el tipo de bar para ir con amigos, donde la prioridad era la compañía y el entorno natural.

El establecimiento también se destacaba por ser amigable con las familias y las mascotas. Se permitía la entrada de perros siempre que estuvieran atados, un detalle muy valorado por los dueños de animales. Además, la presencia de unas pequeñas cabras en una zona del recinto se convirtió en una atracción para los más pequeños, que podían acercarse a darles de comer. Estos elementos contribuían a una sensación acogedora y comunitaria, donde diferentes grupos de personas podían convivir y disfrutar del día.

Las Sombras de Xigarito: Un Trato al Cliente Cuestionado

A pesar de sus numerosas virtudes y su legión de clientes fieles, la experiencia en Xigarito no fue positiva para todos. El punto más oscuro y preocupante de su reputación proviene de acusaciones muy graves sobre el trato dispensado por la gerencia. En particular, una reseña detalla un incidente de extrema gravedad que ensombrece por completo la imagen idílica del lugar. Según este testimonio, el responsable del local habría reaccionado de forma desproporcionada y agresiva ante una menor de 15 años que tomó una botella de agua de la nevera con la intención de beberla fuera del recinto.

La descripción de los hechos es alarmante: el responsable se habría abalanzado sobre la joven, gritándole y arrebatándole la botella de forma violenta, para después registrar sin permiso los bolsos del resto de la familia en busca de más bebidas del exterior. El relato subraya una presunta actitud intimidatoria y misógina, alegando que el tono y el comportamiento del gerente cambiaron radicalmente de agresivo con las mujeres y menores a calmado cuando intervinieron los hombres del grupo. Esta experiencia, calificada por los afectados como humillante y aterradora, representa la antítesis de la hospitalidad que se espera de cualquier negocio, especialmente uno orientado al ocio familiar.

Este no parece ser un caso aislado, ya que otras críticas, aunque menos detalladas, también apuntan a un carácter difícil y a un trato poco amable por parte de la dirección. La estricta política de no permitir bebidas del exterior, aunque comprensible desde un punto de vista comercial, parece haber sido un foco constante de conflicto, y su aplicación, en ocasiones, cruzó líneas inaceptables. Este factor es, sin duda, el mayor "pero" del establecimiento y una mancha indeleble en su historial.

Gastronomía y Servicio: Luces y Sombras

Aunque muchos clientes acudían para cocinar su propia comida, Xigarito también funcionaba como restaurante. Entre su oferta, el cachopo era uno de los platos más recomendados, una opción contundente para quienes preferían no complicarse con parrillas. En general, la oferta de tapas y raciones era sencilla y acorde con la de un bar barato de playa, cumpliendo su función sin grandes alardes.

El servicio de los camareros, por otro lado, recibía opiniones encontradas que reflejan la dualidad del local. Mientras algunos clientes destacaban una atención espectacular y la diligencia del personal para recoger las mesas y mantener el orden, otros se vieron afectados por la actitud de la gerencia, que eclipsaba cualquier otro aspecto positivo. Esta inconsistencia en el trato generaba que la experiencia de tomar algo en Xigarito pudiera variar drásticamente de un día para otro, o de una mesa a otra.

Balance Final de un Lugar que ya no es

Xigarito fue, en esencia, un reflejo de su propia dualidad. Por un lado, un concepto brillante: un espacio de libertad y convivencia en una ubicación privilegiada, que ofrecía una solución asequible y divertida para disfrutar de un día de playa. Su éxito demuestra que había una demanda real para este tipo de chiringuitos con encanto y funcionalidad. Para miles de personas, su recuerdo estará ligado a veranos felices, barbacoas con amigos y puestas de sol junto al mar.

Por otro lado, su legado está irrevocablemente manchado por las graves acusaciones sobre el trato al cliente. Un negocio de hostelería se basa en la confianza y el bienestar de sus visitantes, y los testimonios sobre comportamientos agresivos e intimidatorios son un fracaso rotundo en este aspecto fundamental. Al haber cerrado sus puertas de forma permanente, Xigarito deja tras de sí una historia compleja: la de un lugar que supo ser el paraíso para muchos, pero que para otros se convirtió en una experiencia para olvidar.

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